Instituto Distrital de Patrimonio Cultural

¿Sabías que en el suroriente de Bogotá existe un yacimiento arqueológico invaluable?

La arqueología y la historia son fundamentales para comprender nuestro presente, ya que este ha sido configurado por los hechos del pasado. ¿Cómo podemos proyectar un futuro sostenible, sin tomar conciencia de aquellos aciertos históricos que valdría la pena mantener y de aquellos desaciertos que no deberíamos repetir? Quizás, el yacimiento arqueológico El Carmen tenga algunas pistas. Lee el artículo para conocer su importancia y la manera en que el IDPC quiere activar este lugar con las comunidades de Usme.

¿Sabías que en el suroriente de Bogotá existe un yacimiento arqueológico invaluable?

¿Sabías que en el suroriente de Bogotá existe un yacimiento arqueológico invaluable?

Comparte esta noticia

La arqueología y la historia son fundamentales para comprender nuestro presente, ya que este ha sido configurado por los hechos del pasado. ¿Cómo podemos proyectar un futuro sostenible, sin tomar conciencia de aquellos aciertos históricos que valdría la pena mantener y de aquellos desaciertos que no deberíamos repetir? Quizás, el yacimiento arqueológico El Carmen tenga algunas pistas. Lee el artículo para conocer su importancia y la manera en que el IDPC quiere activar este lugar con las comunidades de Usme.

En memoria de Jaime Beltrán (1963-2020)

El yacimiento arqueológico de la hacienda El Carmen, en la localidad de Usme, comprende treinta hectáreas y es muy importante para la memoria histórica de Bogotá porque ha marcado un hito que entrelaza la protección de nuestro patrimonio cultural con la contención de la expansión urbana.

(Mira en vivo la charla ‘Usme territorio en construcción, viernes 18, 6 p.m)

El proceso empezó en 1999, cuando Metrovivienda inició el proyecto urbanístico Ciudadela Nuevo Usme en los predios de La Esperanza y El Carmen, pese a la resistencia de las comunidades campesinas y de algunas organizaciones sociales que desde años atrás defendían el carácter rural de este territorio. El proyecto se consolidó parcialmente con el Plan de Ordenamiento Territorial adoptado en el año 2000, el cual determinaba que los suelos rurales con vocación agrícola de la localidad fueran clasificados como terrenos de expansión urbana para generar oferta de vivienda.

Sin embargo, en 2007 se encontraron restos óseos y vasijas de cerámica en El Carmen, lo que obligó a Metrovivienda a suspender las labores de excavación en ese predio y le ayudó a las comunidades y organizaciones a continuar su proceso de resistencia, pues empezaron a jugar un papel activo en torno a la protección del yacimiento arqueológico.

Rápidamente, los líderes comunitarios lograron consolidar un proceso organizativo alrededor de la Mesa de Patrimonio Ancestral, Cultural y Ambiental Usmeka, que aumentó exponencialmente su poder de convocatoria y realizó actividades permanentes. Este proceso fue tan abarcante e inspirador que muchos jóvenes del territorio integraron el patrimonio arqueológico como parte esencial de sus vidas, tanto que buena parte de ellos ha estudiado carreras afines al tema o ha realizado investigaciones inspiradas en este.

Frente a la presión comunitaria, y con la obligación de respetar la normatividad urbana, Metrovivienda contrató ese mismo año a la Universidad Nacional para adelantar labores de arqueología preventiva y proyectar un plan de manejo para el predio.

En 2008 se formuló el Plan Parcial, que incluía indicaciones para el Plan de Manejo Arqueológico del yacimiento y fue adoptado dos años después. Finalmente, con el trabajo articulado de las comunidades, las organizaciones y la administración distrital, el Instituto Colombiano de Antropología e Historia declaró el predio como Área Arqueológica Protegida en 2014, algo inédito en Bogotá. Desde entonces se contempló la creación de un parque arqueológico, pero el proyecto se mantuvo inerte durante varios años.

El yacimiento podría narrar, al menos, cuatro siglos de experiencia vivida entre los años 1200 y 1600 de nuestra era. Contiene más de 2.500 enterramientos, algunos individuales, otros colectivos y la mayoría con ajuares, quizás, para amenizar los viajes de ultratumba.

Pero El Carmen es más que un complejo funerario, ya que también se han encontrado evidencias de arte rupestre, áreas de cultivo, terrazas y fuentes de agua. Incluso, hay hallazgos de fauna exótica, por ejemplo, de caracolas de mar, que indican intercambios a larga distancia y relaciones interregionales entre los pueblos andinos y de otras latitudes. Se trata, pues, de una necrópolis y de un asentamiento habitado por cuarenta generaciones prehispánicas que, incluso, podría ser uno de los sitios más grandes de la cultura Muisca al contacto con los europeos.

El Carmen no solo tiene valor arqueológico, pues integra los patrimonios a través de su posición geográfica y del acervo cultural de su entorno. Este lugar se conecta con el río Tunjuelo y abre una de las principales entradas a la región del Sumapaz, conectando sistémicamente el patrimonio material arqueológico con el patrimonio natural, el patrimonio inmaterial y la memoria histórica del territorio. En este sentido, el yacimiento se ha convertido en un lugar estratégico para replantear el ordenamiento territorial del borde urbano-rural. Ello implica que se detenga el crecimiento desordenado e irracional de la ciudad sobre las áreas rurales del Distrito Capital en favor del buen vivir, especialmente de las comunidades campesinas de la región, que históricamente han sido fundamentales para nuestro sistema agroalimentario y han soportado las inclemencias del conflicto armado.

Por eso, hoy vuelve a ser un propósito compartido -entre la administración distrital, las comunidades y las organizaciones- crear el anhelado parque arqueológico en El Carmen. Con este proyecto se busca promover la apropiación y la salvaguardia integral del patrimonio, así como fomentar la memoria histórica, las buenas prácticas ambientales, la investigación participativa y la recreación pasiva. Con el liderazgo del IDPC, el parque se convertirá en un centro de interpretación conformado por un museo de sitio, laboratorios y senderos ambientales, entre otros elementos, con la capacidad de albergar las piezas arqueológicas, profundizar la investigación, reconstruir el pasado prehispánico de Usme y conectar las tres quebradas que atraviesan el predio.

De esta manera, el proyecto ayudará a reactivar la ancestralidad muisca y campesina, a fortalecer las redes comunitarias locales, a mejorar la calidad de vida de los habitantes del suroriente de Bogotá y a consolidar un lugar que sirva como referente investigativo, educativo, ambiental y cultural para toda la ciudadanía. El parque contribuiría también a la activación del borde urbano-rural, en articulación con el proceso de declaratoria del Páramo de Sumapaz como Patrimonio de la Humanidad, también liderado por el IDPC. La gestión integral del patrimonio en el borde Usme-Sumapaz permitirá comprender mejor el territorio, pues hará que la interpretación del pasado le de un sentido más consciente al presente y proyecte un futuro sostenible con enfoque de derechos.

APROPÓSITO DE USME:

SIGUE EL MES DEL PATRIMONIO 2020 EN REDES SOCIALES

Más noticias del IDPC