- Tres manifestaciones —la Cultura de la bicicleta, el Teatro de Creación Colectiva y el Festival Jizca Chía Zhue— revelan cómo el patrimonio cultural inmaterial de Bogotá se construye desde la vida cotidiana, el arte y la memoria ancestral.
- A través de los Planes Especiales de Salvaguardia — PES, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural y las comunidades portadoras consolidan procesos de reconocimiento, participación y transmisión que proyectan estas prácticas hacia el futuro.
En Bogotá, el patrimonio cultural no es una idea abstracta ni un vestigio inmóvil del pasado: es una experiencia viva que se transforma, se transmite y se recrea en la cotidianidad de sus habitantes. Desde las calles recorridas en bicicleta hasta los escenarios donde el teatro interpela la realidad, y los territorios donde perviven las memorias ancestrales, la ciudad es un entramado de prácticas que construyen sentido colectivo.
En este contexto, los Planes Especiales de Salvaguardia — PES se consolidan como herramientas fundamentales para reconocer, fortalecer y proyectar esas manifestaciones culturales. Más allá de un instrumento técnico, los PES son procesos participativos donde las comunidades portadoras, las organizaciones y las instituciones dialogan para garantizar la continuidad de aquello que consideran valioso.
Este recorrido por tres experiencias —la cultura bogotana de la bicicleta, el teatro de creación colectiva y el Festival Jizca Chía Zhue— permite comprender cómo el patrimonio inmaterial se cuida, se activa y se proyecta desde múltiples dimensiones: urbana, artística y ancestral.
La ciudad que rueda: la bicicleta como símbolo de encuentro, memoria y transformación urbana
El reconocimiento de la cultura bogotana de los usos y disfrutes de la bicicleta marca un punto de inflexión en la manera en que la ciudad entiende su patrimonio. Lo que durante décadas fue visto principalmente como un medio de transporte, hoy se reconoce como una manifestación cultural compleja, tejida por prácticas sociales, conocimientos, afectos y formas de habitar el espacio urbano.
Este proceso no surgió de manera aislada. Fue el resultado de años de trabajo de colectivos ciclistas, organizaciones sociales e instituciones que lograron visibilizar cómo la bicicleta articula experiencias comunitarias, prácticas deportivas, expresiones ambientales y formas de encuentro ciudadano. En este camino, la articulación institucional fue clave, integrando perspectivas diversas, incluyendo enfoques de género que han permitido reconocer el papel protagónico de las mujeres en esta cultura.
El 7 de diciembre de 2023, mediante la Resolución 918, esta manifestación fue incluida en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de Bogotá. Más que un acto administrativo, esta declaratoria significó reconocer que la bicicleta es parte del patrimonio vivo de la ciudad.
Desde entonces, el Plan Especial de Salvaguardia ha orientado acciones concretas. En 2024 se activaron espacios de socialización y articulación, como la Mesa Intersectorial y la Mesa Gestora de la Bicicleta, además de estímulos que impulsaron iniciativas comunitarias como Descubre Bosa: rutas pedagógicas sobre ruedas y Victorias y glorias: relatos de campeonas.
El 2025 marcó la consolidación del proceso. La exposición Rodar Juntas, aún activa en el Museo de Bogotá, se convirtió en un espacio de memoria que visibiliza los liderazgos femeninos en la cultura ciclista. Paralelamente, la Mesa Gestora fortaleció su funcionamiento y se amplió el alcance territorial del PES mediante socializaciones en múltiples localidades, reforzando la participación ciudadana.
En 2026, el horizonte se centra en profundizar estos procesos: fortalecer la articulación institucional, ampliar las acciones pedagógicas y consolidar la apropiación social del patrimonio. Rodadas patrimoniales, actividades comunitarias y nuevas estrategias de divulgación buscan reafirmar que la bicicleta no solo conecta territorios, sino también historias, identidades y futuros posibles.
Escena y pensamiento: el teatro de creación colectiva como patrimonio crítico de la ciudad
El teatro de creación colectiva es una de las expresiones más potentes del patrimonio cultural de Bogotá, no solo por su valor artístico, sino por su capacidad de interpelar la realidad y construir pensamiento crítico desde lo escénico.
Su reconocimiento como patrimonio cultural inmaterial, formalizado el 18 de diciembre de 2023 mediante la Resolución 942, es el resultado de un proceso impulsado desde el sector teatral, particularmente por el Teatro La Candelaria, y respaldado por una amplia comunidad artística que encontró en esta práctica un eje fundamental de su identidad creativa.
Desde sus inicios, este movimiento ha propuesto una manera distinta de hacer teatro: una creación construida colectivamente, donde las voces de los actores, directores y comunidades dialogan para dar forma a obras que reflejan las tensiones, preguntas y realidades del contexto social.
El proceso de salvaguardia ha estado marcado por una fuerte participación. Más de 300 artistas hicieron parte de los talleres que permitieron estructurar la postulación y consolidar el Plan Especial de Salvaguardia. A partir de 2024, su implementación ha incluido espacios de socialización, investigaciones, becas y el desarrollo de un mapeo de grupos y prácticas en la ciudad que nos permite reconocer cuales son los grupos que se reconocen como practicantes y portadores de la creación colectiva en las 20 localidades de la ciudad.
Durante 2025, el proceso se expandió significativamente. Se publicaron crónicas sobre grupos de creación colectiva, se desarrollaron espacios de formación y se llevaron estas prácticas a territorios rurales, como el Sumapaz, donde surgió la obra Cuidadoras del páramo y se produjo un documental explicativo de la manifestación y el PES. Además, se identificaron más de 80 grupos que trabajan bajo esta metodología, evidenciando la vitalidad y diversidad del movimiento.
Para 2026, el PES avanza hacia su consolidación: se proyecta fortalecer su línea investigativa, ampliar la divulgación mediante la creación de un plan integral de comunicación del proceso y la publicación del documental, así como culminar el mapeo de grupos de la creación colectiva en toda la ciudad.
Este proceso no solo preserva una práctica artística, sino que reafirma el papel del arte como espacio de construcción colectiva, memoria crítica y transformación social.
Raíz, memoria y pervivencia: el Festival Jizca Chía Zhue y la fuerza ancestral en la ciudad contemporánea
En medio de la Bogotá urbana y contemporánea, el Festival Jizca Chía Zhue emerge como una expresión profunda de memoria, identidad y resistencia cultural del pueblo muisca de Bosa.
Desde su realización en 2001, este festival ha sido un espacio de encuentro comunitario, revitalización cultural y transmisión de saberes ancestrales. A través de él, la comunidad no solo celebra sus tradiciones, sino que reafirma su existencia, su relación con el territorio y sus formas de entender el mundo.
El proceso de reconocimiento como patrimonio cultural inmaterial estuvo ligado a un camino más amplio de diálogo y reivindicación. Tras la consulta previa realizada en 2016, el compromiso institucional permitió acompañar al Cabildo Indígena Muisca de Bosa en la construcción de su postulación, que fue elaborada mediante espacios participativos donde se reflexionó sobre identidad, memoria y transformaciones culturales.
Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial de Bogotá, convirtiéndose en la primera manifestación indígena en recibir este reconocimiento.
La implementación del PES ha sido profundamente coherente con los principios de la comunidad. En 2024 se creó la “Juntanza de gestión” como instancia de seguimiento, se desarrolló el pódcast Las memorias del Jizca y se avanzó en investigaciones sobre el territorio y la ritualidad.
En 2025, las acciones se centraron en la transmisión intergeneracional del conocimiento: talleres de tejido, alimentación propia y formación comunitaria reunieron a niños, jóvenes y mayores. La construcción de una cartografía interactiva permitió representar el territorio desde la memoria viva, mientras que la herramienta pedagógica El Camino de la Serpiente llevó estos saberes a espacios educativos.
Para 2026, el proceso continúa con acciones de formación y divulgación que buscan fortalecer tanto el festival como la comunidad, manteniendo un compromiso institucional que reconoce la autonomía, la espiritualidad y la pervivencia cultural del pueblo muisca.
Más allá de su dimensión festiva, el Jizca Chía Zhue es una afirmación de vida: un recordatorio de que el patrimonio también es raíz, memoria y resistencia en medio de la transformación urbana.
Estos tres procesos evidencian que el patrimonio cultural inmaterial de Bogotá no es homogéneo ni estático. Es múltiple, diverso y profundamente conectado con las formas en que las comunidades habitan, crean y recuerdan la ciudad.
A través de los Planes Especiales de Salvaguardia, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, junto a colectivos, artistas y comunidades, no solo protege estas manifestaciones, sino que las proyecta hacia el futuro, garantizando que sigan siendo parte activa de la vida urbana.
En esa tarea, el patrimonio deja de ser únicamente herencia para convertirse en acción: una práctica viva que se construye todos los días.


















