Instituto Distrital de Patrimonio Cultural

Susurros y resonancias: la memoria empieza cuando alguien escucha

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Susurros y resonancias: la memoria empieza cuando alguien escucha

Susurros y resonancias: la memoria empieza cuando alguien escucha

abril 9, 2026

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“Si yo estoy hablando y nadie me está prestando atención yo me sentiré como abandonado… pero si me escuchan, me voy a sentir acompañado”.

La frase aparece en el desarrollo del proceso y nombra una necesidad: que haya un lugar donde lo que dicen las niñas y los niños tenga atención y respuesta.

De susurros a resonancias reúne a niñas y niños, hijas e hijos de firmantes del Acuerdo de Paz, en un proceso construido en articulación entre el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural – IDPC, la Agencia para la Reincorporación y la Normalización – ARN y el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación.

Este espacio hace parte de los Otros Espacios Formativos – OEF del programa de formación en patrimonio cultural del IDPC, Civinautas, y se construye a partir de las experiencias que las niñas y los niños traen consigo, en diálogo con apuestas institucionales como el programa de arte en la primera infancia del Idartes, Nidos, que también trabaja desde un enfoque diferencial en infancias.

En este contexto, las experiencias de las y los participantes se expresan a partir de situaciones concretas de su vida cotidiana. Y el grupo, que se ha ido constituyendo en las ediciones 2024, 2025 y 2026 del programa, no parte de un mismo territorio, está conformado por niñas y niños que viven en distintos puntos del borde sur de Bogotá —Ciudad Bolívar, Bosa, Tunjuelito, San Cristóbal, Soacha— y que deben atravesar la ciudad para llegar al Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, lugar donde se desarrolla el proceso.

Y ese desplazamiento no es un dato secundario: 

“Venimos de dos horas porque hay mucho trancón”, “mucho trancón y demoramos 2 horas en llegar”, “nos pasamos de transmilenio a transmilenio”.

Los recorridos implican transbordos, tiempos de espera, calor, cansancio y, en algunos casos, la necesidad de salir sin almorzar o de resolver el trayecto con múltiples medios de transporte.

Aun así, la asistencia se sostiene. En varios casos son las niñas y los niños quienes insisten en ir, quienes recuerdan las fechas y quienes piden volver al espacio.

En esos trayectos también se configuran referencias de ciudad. No aparecen como categorías generales, sino como puntos específicos: la torre de la Sevillana, un puente roto, una peluquería del barrio, las flores al llegar, el Transmicable, las máquinas que arreglan la vía, los murales, las vacas en el camino.

Lo que se nombra es lo que se ve, lo que se repite y lo que les afecta en el recorrido. Y ese mismo registro atraviesa el trabajo con el cuerpo. Desde el inicio, el proceso se activa a partir del sonido y el movimiento: voces que imitan instrumentos, cuerpos que caminan, corren, saltan, se arrastran.

Los sonidos del entorno aparecen de inmediato: vendedores, perros, carros, ambulancias, buses.

El cuerpo funciona como un lugar desde donde se reconocen esas experiencias y se ponen en común. En ese ejercicio, una de las frases que emerge es: “Hablaría mi corazón y diría que le haga caso a la mamá”.

En el trabajo sobre la familia, las narrativas no siguen una estructura única. Aparecen distintas configuraciones: madres que crían solas, abuelas que asumen el cuidado, familias extendidas, separaciones, ausencias.

También aparecen memorias de otros territorios: Arauca, Chocó, Bucaramanga, fincas, veredas.

En varios casos, esos lugares siguen siendo centrales, incluso cuando ya no se habitan.

“El lugar que yo llevo en mi corazón queda en Arborizadora, pero ya no vivo ahí”.

Las experiencias familiares incluyen también episodios difíciles: desplazamientos, separaciones, situaciones de violencia que permanecen en la memoria de quienes participan.

Al mismo tiempo, la familia se nombra como espacio de apoyo y proyección:

“la familia es lo más importante”, “es el apoyo”, “es la construcción de un hogar”.

Estas experiencias —el trayecto, el cuerpo, la familia, los lugares que se recuerdan— son las que se ponen en juego en el proceso porque son aquello que traen consigo las niñas y los niños y aquello que quieren compartir con los demás. 

En el proceso, la creación aparece como una forma de organizar lo que se ha venido diciendo. A partir de ejercicios colectivos, las niñas y los niños construyen personajes que condensan sus ideas sobre la ciudad, la familia y lo que quisieran cambiar.

Uno de ellos es descrito así:

“Sus poderes es construir cualquier cosa, como un hospital, un colegio o un restaurante o una tienda… para ayudar a los demás y ‘construir país’”.

El mismo personaje puede “cambiar el mundo”, modificar los colores de las cosas, cuidar las plantas o producir alimentos.

Estas construcciones están directamente relacionadas con lo que han identificado en su entorno: los trancones, los colegios que no les gustan, la contaminación, las dificultades en la casa.

En ese mismo espacio, las preocupaciones se enuncian de manera directa:

“A mi abuela que se pierda”, “me preocupa mi tarea”, “me preocupa mi hermana, mi mamá”, “me preocupa el agua, la tierra”, “me preocupa la salud de mis gatos”.

También aparece el miedo a perder el año escolar, a no cumplir con lo que se espera, o a que algo le pase a las personas cercanas.

En paralelo, los adultos que acompañan el proceso nombran otras preocupaciones: la seguridad, las condiciones económicas, la posibilidad de ofrecer a sus hijos e hijas un futuro distinto al que han vivido.

Estos dos niveles —lo que preocupa a niñas y niños y lo que preocupa a los adultos— conviven en el mismo espacio y configuran parte del contexto en el que se desarrolla el proceso.

A lo largo de los encuentros, las niñas y los niños insisten en la necesidad de decir lo que les pasa y de que eso sea atendido:

“Es importante que nos escuchen… porque los niños pueden estar siendo amenazados y los papás no los escuchan”, “a veces siento que no me ponen atención”, “cuando me escuchan me siento feliz”.

Estas afirmaciones aparecen junto a otras ideas sobre la paz, que se plantean en relación con la vida cotidiana: no pelear, respetar, cuidar a otros, sentirse tranquilo, poder estar bien con los demás. Y en este conjunto de relatos, la memoria se presenta en las experiencias que se comparten, en los lugares que se recuerdan, en las preocupaciones y en las formas en que niñas y niños nombran lo que viven.

Como se recoge en el avance del proceso, ese trabajo se da a partir de las memorias familiares y comunitarias que atraviesan a las y los participantes, y que siguen presentes en la manera en que se narran y se relacionan con el mundo.

“De susurros a resonancias” se construye en ese movimiento: lo que se dice, lo que se recuerda y lo que se imagina encuentra un lugar donde puede ser compartido con otros.

En 2026 este proceso llega a su tercera versión. No parte de cero y se sostiene en lo que se ha venido construyendo desde 2024 y en las condiciones que lo hicieron posible: la articulación entre entidades, la continuidad del grupo —aunque cambiante— y la decisión de mantener abierto un espacio para el encuentro.

En esta etapa, el trabajo se ha concentrado en permitir que las niñas y los niños se reconozcan en sus propias historias, en los vínculos que sostienen y en los lugares que siguen teniendo sentido para ellas y ellos.

Lo que ocurre en ese espacio no se organiza como un resultado final. Se sostiene en el tiempo, en la posibilidad de volver, de encontrarse otra vez, de seguir diciendo.

En ese sentido, De susurros a resonancias permanece como un lugar donde esas voces pueden seguir apareciendo, ser escuchadas y ponerse en relación con otras.

*En su versión 2026, De susurros a resonancias se desarrolla entre marzo y junio, como parte de los Planes Integrales de Reincorporación de la ARN. La vinculación al proceso se realiza a través de una convocatoria dirigida a personas adultas, gestionada mediante un formulario de Google de la ARN, a partir del cual se conforma el grupo participante. De este modo, esta tercera edición da continuidad a un trabajo que se ha venido construyendo desde 2024.