Una apuesta del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural – IDPC que está cambiando la forma de entender el patrimonio en Bogotá: desde las voces de mujeres, jóvenes, comunidades LGBTIQ+, sectores rurales y víctimas, hasta proyectos que convierten la memoria en arte, reparación y transformación social. La convocatoria cierra este lunes a las 5:00 p.m.
Desde hace seis años, la Beca para el reconocimiento y la activación del patrimonio cultural de sectores sociales se ha consolidado como una de las estrategias más potentes para ampliar la mirada sobre el patrimonio en Bogotá. Ya no se trata únicamente de proteger edificios o lugares históricos, sino de reconocer que el patrimonio también habita en las historias, las luchas, las prácticas culturales y las memorias de quienes construyen ciudad todos los días.
Esta beca ha evolucionado para abrirse a una participación más amplia e incluyente, convocando a mujeres, campesinos, población LGBTIQ+, juventudes, comunidades rurales, entre otros sectores sociales. Hoy, más que una convocatoria, es una plataforma que impulsa encuentros entre distintas experiencias de vida, promoviendo proyectos colectivos que dialogan, se cruzan y se fortalecen mutuamente. La invitación está abierta y la convocatoria cierra este 13 de abril a las 5:00 p. m.; quienes estén interesados pueden consultar las condiciones y postular sus iniciativas en cultured.gov.co.
El impacto de esta beca se refleja en su capacidad de convertir ideas en procesos reales de transformación social. Cada proyecto es una oportunidad para que comunidades históricamente invisibilizadas tomen la palabra, narren sus propias historias y posicionen sus identidades como parte fundamental del patrimonio de la ciudad.
“Esta beca es una puerta para que las comunidades reconozcan y proyecten su propio patrimonio. Pero también hace parte de un ecosistema más amplio de estímulos: año tras año, desde el IDPC, a través del programa de Fomento, ofrecemos becas y premios que permiten que la ciudadanía participe activamente en la construcción de memoria y cultura en Bogotá. Nuestro compromiso es seguir ampliando esas oportunidades y fortalecer una visión de patrimonio cada vez más diversa, incluyente y representativa de la ciudad”, afirmó Diego Parra Cortés, director del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.
Los resultados de años anteriores dan cuenta de su enorme potencial. En barrios como Los Laches, a través del proyecto Viajeros Radiofónicos, Guardianes de la memoria, por ejemplo, jóvenes, niños y adultos mayores han construido relatos sonoros, postales y contenidos radiales que reconstruyen la memoria del territorio. Estos ejercicios no solo documentan transformaciones urbanas, sino que fortalecen la transmisión de saberes y el sentido de pertenencia entre generaciones.
Imágenes del proyecto Viajeros Radiofónicos, Guardianes de la memoria
Sin embargo, hay procesos que permiten dimensionar con mayor profundidad el alcance social y cultural de esta beca. Uno de ellos es el del colectivo Amoratorio de Creación, una experiencia que demuestra cómo el arte puede convertirse en un acto de memoria, resistencia y sanación.
Integrado por mujeres buscadoras y familiares de víctimas de desaparición forzada, el Amoratorio ha hecho del arte un espacio de encuentro y acompañamiento. Su trabajo parte de una realidad compleja: la ausencia sin cierre, la imposibilidad del duelo cuando no hay un cuerpo. Frente a esto, el colectivo ha construido una respuesta poderosa desde lo simbólico.
En sus talleres, las participantes escriben cartas a sus familiares desaparecidos. En un acto profundamente íntimo, esas cartas son quemadas, y de sus cenizas nacen las obras. Con ese material cargado de significado, crean retratos sobre vidrio, faroles y piezas que, al iluminarse, revelan los rostros de quienes ya no están. La luz atraviesa la imagen y devuelve la presencia: es memoria que se niega a desaparecer.
Imágenes del colectivo Amoratorio de Creación
Este proceso no se queda en lo individual. Las obras se convierten en exposiciones públicas que interpelan a la sociedad, que obligan a mirar de frente una realidad que durante años fue invisibilizada. Cada farol encendido es un recordatorio de las más de 120.000 personas desaparecidas en Colombia, pero también una afirmación de dignidad: son rostros, historias, vidas que siguen presentes.
Gracias a la beca, el Amoratorio logró ampliar su alcance: fortalecer sus talleres, acceder a nuevos espacios de circulación y llevar su mensaje a escenarios institucionales, pedagógicos y comunitarios. Esto permitió que su trabajo trascendiera el ámbito artístico para incidir en la construcción de memoria colectiva y en la sensibilización de distintos públicos, incluidos funcionarios y entidades relacionadas con la búsqueda de personas desaparecidas.
El valor de este tipo de iniciativas radica en que no solo producen obras, sino que generan procesos profundos: crean comunidad, transforman el dolor en acción colectiva y convierten la memoria en una herramienta de cambio. En ese sentido, la beca no solo apoya proyectos culturales, sino que impulsa procesos de reparación simbólica, reconocimiento y fortalecimiento del tejido social.
En una ciudad diversa y en constante transformación como Bogotá, esta convocatoria se consolida como un espacio clave para descubrir nuevas formas de patrimonio: un patrimonio vivo, plural y construido desde la ciudadanía. Porque aquí, el patrimonio no es solo lo que se conserva: es lo que se cuenta, lo que se comparte y lo que, incluso en medio del dolor, se transforma en luz.







