Instituto Distrital de Patrimonio Cultural

Bogotá rural: el patrimonio se narra desde las voces de la infancia y juventud

BOGOTÁ RURAL: EL PATRIMONIO SE NARRA DESDE LAS VOCES DE LA INFANCIA Y LA JUVENTUD

Bogotá rural: el patrimonio se narra desde las voces de la infancia y juventud

Bogotá rural: el patrimonio se narra desde las voces de la infancia y juventud

abril 20, 2026

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El Instituto Distrital de Patrimonio Cultural – IDPC participará en el Encuentro de construcción de saberes en educación infantil, un espacio para reflexionar sobre cómo se habita y se siente el territorio desde los primeros años de vida. En este escenario se presentarán tres experiencias pedagógicas desarrolladas en Chapinero y Usme, donde el patrimonio se convierte en una vivencia cotidiana.

¿A qué suena la ruralidad? ¿Cómo se coleccionan los sueños de una vereda? ¿De qué manera una ruana puede tejer la historia de un territorio? Estas preguntas orientan la participación del IDPC en el encuentro Tejiendo desde el diálogo interuniversitario.

El próximo viernes 24 de abril, a partir de las 6:00 p. m.,  la Universidad La Gran Colombia (Cra 5 No. 12B – 49) será el escenario de la Mesa Intergeneracional: ¿Cómo se vive la ruralidad en Bogotá?

En este espacio, el IDPC socializará tres procesos que evidencian que el patrimonio no es un concepto estático guardado en museos, sino un vínculo afectivo y vivo que las niñas, los niños y los adolescentes construyen con su entorno.

1. Habitar, sentir y cuidar: el patrimonio desde la mirada de la primera infancia

Esta ponencia recoge una experiencia desarrollada en la Institución Educativa Rural San Martín de Porres, en la localidad de Chapinero, durante 2025. El proceso partió de la escucha activa: ¿qué recuerdan los niños y qué consideran importante cuidar?

Para la primera infancia, el patrimonio se construye desde lo cotidiano y los vínculos con la naturaleza. En este proceso surgió la acción de “coleccionar”, no como acumulación, sino como un ejercicio de protección. Al manifestar su deseo de coleccionar ríos, amistades o los saberes medicinales de sus abuelas, las niñas y los niños evidencian que el valor patrimonial reside en aquello que se ama. En este camino, las familias se integraron como portadoras de saberes, fortaleciendo el vínculo entre la escuela y la memoria del hogar.

2. Pongámonos de ruana el territorio: tejiendo memorias e identidades

Desde la vereda Olarte, en Usme, surge una propuesta que utiliza la ruana como lienzo y símbolo de identidad. A través del programa de formación Civinautas, 15 participantes de la Biblioteca Comunitaria Mauricio Betancourt plasmaron sus geografías en telas intervenidas.

Las ruanas resultantes narran los caminos curvos que conectan Usme Centro con la vereda, así como los contrastes de los verdes de la montaña. Esta experiencia posiciona a niños y adolescentes como narradores que reclaman su lugar en el paisaje cultural.

“Me gusta porque aquí no hay tanta inseguridad como en la ciudad… la naturaleza también nos ayuda un poquito a la salud”, relata uno de los participantes, evidenciando la profunda conexión sensorial con su entorno y la necesidad de habitar espacios dignos para el ocio y la cultura.

3. Sonsonete Caminante: arqueología y sonidos entre el campo y el Caribe

Finalmente, estudiantes de noveno grado de la Institución Educativa Distrital El Destino, en la localidad de Usme, llevaron el patrimonio a una dimensión arqueológica y sonora. De la mano del colectivo CACLI y especialistas del Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme – PAPCU, los jóvenes exploraron el territorio como un espacio de memoria viva.

El proyecto incluyó un intercambio sonoro con el colegio de Arroyo de Piedra, en el departamento del Atlántico, lo que permitió a los estudiantes comparar los sonidos que los resguardan del frío andino con aquellos que alivian el calor del Caribe. A través de cartografías e instrumentos de arcilla, comprendieron la arqueología no solo como la excavación de objetos antiguos, sino como una práctica comunitaria, situada y relacional.

Profesionales del equipo de Arqueología del IDPC brindaron el soporte técnico necesario para que los estudiantes comprendieran metodologías de registro y análisis, vinculando el oficio arqueológico con la vida cotidiana y la memoria campesina.

Para el IDPC, estos relatos confirman que la educación patrimonial debe ser sensible y participativa. Al dar voz a las infancias rurales, Bogotá fortalece la preservación de memorias fundamentales para la identidad del Distrito.

En este sentido, la invitación es a participar en el encuentro y descubrir estas experiencias que, desde la creatividad, el juego y la vida cotidiana, permiten reconocer y valorar el patrimonio como algo vivo que se construye entre todas y todos.