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Instituto Distrital de Patrimonio Cultural

Así imaginan la paz las hijas e hijos de firmantes del Acuerdo de Paz

Así imaginan la paz las hijas e hijos de firmantes del Acuerdo de Paz

Así imaginan la paz las hijas e hijos de firmantes del Acuerdo de Paz

Así imaginan la paz las hijas e hijos de firmantes del Acuerdo de Paz

julio 16, 2026

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Hace unos meses Leonacho, Mariposita y Celeste Sofía no existían. Fueron apareciendo durante las sesiones de De susurros a resonancias, un proceso en el que niñas y niños, hijas e hijos de firmantes del Acuerdo de Paz, exploraron sus memorias, los lugares que habitan y las formas en que imaginan la ciudad a través del juego, el cuerpo y la creación colectiva.

Hoy los tres habitan unas pequeñas cajas Lambe Lambe instaladas en uno de los nichos de Terca Esperanza, la exposición permanente del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación.

En abril publicamos Susurros y resonancias: la memoria empieza cuando alguien escucha, una nota que recogía las conversaciones, los recorridos y las preguntas que dieron forma a este proceso. El video que acompaña esta publicación retoma parte de ese camino y muestra cómo esas ideas fueron convirtiéndose en personajes, escenarios e historias construidas colectivamente.

Las piezas que hoy hacen parte de la exposición surgieron de las conversaciones que fueron apareciendo durante los encuentros del proceso. Como una forma de organizar, narrar y compartir esas reflexiones,  se eligió la técnica del teatro Lambe Lambe: pequeñas cajas que contienen una escena y que solo puede observar una persona a la vez, acercando el ojo a una mirilla.

Cada una guarda un mundo distinto.

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Leonacho construyó su propia casa con guadua porque, según quienes lo crearon, ese material le permite construir cualquier cosa. Puede levantar hospitales, colegios, restaurantes o tiendas; también cambiar el clima para proteger el Polo Norte del calor. En su casa hay un árbol de plátano, un horno, fotografías con sus amigos, libros y juguetes de infancia. Cuando hablaron de él dijeron que «los patrimonios son como tesoros que se deben cuidar» y que la paz consistía en tener alimento, sentirse seguro y conservar aquello que hace posible seguir construyendo.

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Mariposita vive en una cueva y prepara pócimas con flores y plantas medicinales. La margarita trae tranquilidad; la manzanilla ayuda a aliviar el dolor; la ruda protege; otras flores devuelven la alegría o el amor. Tiene una máquina del tiempo para regresar al momento en que su padre le enseñó esos saberes cuando necesita recordarlos. También cuida un árbol que, según quienes la imaginaron, permanece dentro de su casa «porque la esperanza está ahí». Las plantas son su tesoro y las fotografías le permiten recordar a las niñas y los niños que la crearon.

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Celeste Sofía recorre los humedales en un barco sostenido por un gran globo. Viaja acompañada por animales, árboles y ríos que protege durante sus recorridos. En su barco también guarda recetas familiares —un pie de manzana, unos huevos con salchicha y papas, un pastel de cumpleaños— porque considera que allí también viven los recuerdos. Cuando quienes la crearon hablaron de patrimonio dijeron que estaba en «los humedales, los animales, las plantas, los ríos y también las historias de las personas que quiere».

Al observar las tres historias juntas empiezan a aparecer afinidades que no fueron definidas de antemano. En ninguna de ellas el patrimonio aparece reducido a un edificio, un monumento o un objeto excepcional. Surge, más bien, en aquello que las niñas y los niños decidieron conservar: fotografías, recetas, árboles, juguetes, plantas, animales, libros, amigos y lugares recorridos.

La memoria tampoco se presenta como un relato distante sobre el pasado. En las tres cajas permanece ligada a aquello que acompaña la vida cotidiana. Las fotografías recuerdan a quienes ya no están; las recetas conservan reuniones familiares; las plantas guardan conocimientos aprendidos de otras generaciones; los juguetes hablan de la infancia; los paisajes mantienen vivos los lugares recorridos. Son formas distintas de responder una misma pregunta: ¿qué merece seguir siendo recordado?

Algo similar ocurre con la paz. Ninguno de los personajes habla de ella en términos abstractos. Leonacho la imagina en una casa donde hay alimento y protección; Mariposita, en el cuidado de las personas, las plantas y los saberes heredados; Celeste Sofía, en la posibilidad de recorrer los humedales mientras protege la naturaleza y las historias que encuentra en el camino. Las respuestas nacen de experiencias concretas y de conversaciones que fueron desarrollándose durante el proceso, no de definiciones aprendidas previamente.

Esa mirada es la que hoy entra en diálogo con Terca Esperanza, una exposición que reúne obras de arte, fotografías, archivos, objetos personales y relatos aportados por organizaciones, colectivos y personas para reflexionar sobre las memorias del conflicto armado, la resistencia y la construcción de paz en Bogotá. Las cajas Lambe Lambe no buscan explicar esas memorias ni representar a todas las infancias. Aportan otra perspectiva: la de un grupo de niñas y niños que decidió hablar del patrimonio, la memoria y la paz a partir de aquello que considera valioso cuidar.

Visite la exposición

Las cajas Lambe Lambe de De susurros a resonancias hacen parte de la vitrina temporal de la exposición permanente Terca Esperanza, en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación.

📍 Lugar: Centro de Memoria, Paz y Reconciliación (Carrera 19B No. 24-86), vitrina temporal de Terca Esperanza.

📆 Fechas: Hasta el 6 de agosto.

⏰ Horario: Lunes a sábado (excepto los martes), de 8:00 a. m. a 5:00 p. m.