Instituto Distrital de Patrimonio Cultural

El camino a la antigua Ermita de la Peña: un camino que une dos templos

El camino a la antigua Ermita de la Peña: un camino que une dos templos

El camino a la antigua Ermita de la Peña: un camino que une dos templos

El camino a la antigua Ermita de la Peña: un camino que une dos templos

marzo 27, 2026

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Los caminos históricos son infraestructuras culturales vivas cuyo valor no depende únicamente de la antigüedad de su trazado, sino de su capacidad para articular el paisaje natural con prácticas sociales, memorias colectivas y usos contemporáneos. En Bogotá, varios de estos caminos conservan importantes valores patrimoniales; entre ellos se destaca el camino de la Ermita de la Peña.

En este contexto, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural adelanta un ejercicio de identificación de estos caminos en la ciudad, con el propósito de incentivar el reconocimiento de su dimensión patrimonial. Su riqueza no solo radica en su misticismo religioso o en su relación con el sistema de caminos de Bogotá a Choachí, sino también en los procesos comunitarios que hoy lo recorren, lo cuidan y le otorgan nuevos sentidos. Este sendero, como muchos otros en los cerros, evidencia cómo la historia, la naturaleza y la vida cotidiana continúan encontrándose en un mismo trazo.

Un camino antiguo entre roca y devoción

En los cerros orientales de Bogotá, algunos caminos pueden parecer simples senderos que ascienden entre la vegetación. Sin embargo, al recorrerlos con atención, se revelan como verdaderas capas de historia, memoria y naturaleza. El camino que sube a la Ermita de la Peña ubicada en el Cerro de la Cruz es uno de esos lugares donde el paisaje y la cultura se entrelazan. Caminarlo, no es solo un ejercicio físico: es también una forma de descubrir cómo el territorio guarda historias y cómo las comunidades actuales siguen dando sentido a esos recorridos.

El camino comienza detrás del Santuario de Nuestra Señora de la Peña y asciende por la ladera de los cerros siguiendo un sendero que se abre paso entre densa vegetación y rocas inclinadas. Al inicio el sendero atraviesa un bosque de eucaliptos donde el suelo está cubierto por hojas secas y el aire tiene un olor intenso a resina. El recorrido avanza entre las quebradas Chorreón y Manzanares que más abajo se unen para formar el río San Agustín, aquel antiguo borde sur de la ciudad. En un punto del ascenso el camino se encuentra con el Canal Limitante del Sur, obra construida para recoger aguas lluvias y ayudar a estabilizar el terreno, luego el sendero continúa hacia arriba entre vegetación andina y afloramientos de roca.

“A medida que se avanza, la pendiente aumenta y el camino se vuelve más estrecho. Bajo los pies aparecen raíces expuestas y fragmentos de lajas que revelan la estructura rocosa de la montaña. En algunos tramos el sendero pasa directamente sobre superficies de roca inclinada que obligan a caminar con cuidado mientras la ciudad comienza a aparecer a lo lejos”, señala el doctor Camilo Escallón Herkrath, biólogo investigador y líder de Patrimonio Natural del IDPC, explicado que más arriba el paisaje se abre y aparece una gran laja que sobresale en la montaña. 

Sobre esa laja se encuentran las ruinas de una pequeña ermita. El último tramo exige paciencia porque cuando parece que el destino está cerca aparece una nueva subida. Miller Rincón, guía local que ha caminado esta ruta desde niño, suele advertirlo con certeza y humor: “La parte más difícil es la llegada porque la gente cree que ya va a llegar y todavía falta”.

La palabra peña hace referencia a una roca prominente que sobresale del terreno, esa roca es el origen de la historia. Según la tradición, en el siglo XVII un trabajador llamado Bernardino Rodríguez de León subió a los cerros orientales buscando un supuesto tesoro. En lugar de encontrar oro descubrió una figura tallada en la roca que representaba a la sagrada familia. El hallazgo fue interpretado como un hecho extraordinario y pronto comenzó a atraer a personas interesadas en conocer el lugar.

La imagen dio origen a la devoción de la Virgen de la Peña en Bogotá. Durante muchos años quienes deseaban visitarla debían ascender por la montaña siguiendo el mismo camino que hoy se puede recorrer. Cerca del lugar donde -se dice- apareció la imagen se construyó una pequeña ermita que servía como punto de encuentro para los peregrinos. Décadas después la imagen de piedra fue trasladada al sector de Los Laches donde se consolidó el santuario actual. Pero el sendero hacia la ermita siguió siendo parte de la memoria del lugar.

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Sendero en los Cerros Orientales hacia el Alto de la Cruz

Los caminos, todos diferentes

Los caminos, en realidad, son muy diversos. A lo largo del mundo existen ejemplos célebres, desde la Ruta de la Seda hasta el Qhapaq Ñan. Algunos conectan regiones distantes, mientras que otros conducen hacia un punto específico. Asimismo, unos surgieron para facilitar el comercio o las peregrinaciones, mientras que otros nacieron del movimiento cotidiano de viajeros o de las comunidades locales. En los Cerros Orientales existen numerosas huellas de esos antiguos recorridos. En este caso, se trata de un camino particular: uno que une dos templos en la montaña. Desde el santuario hasta la ermita, el sendero traza una línea entre dos lugares de devoción, abajo se encuentra el santuario que hoy recibe visitantes y peregrinos, mientras que arriba permanecen los restos de la ermita que durante años ha sido un lugar de recogimiento y devoción. Caminar entre estos dos puntos demuestra que un simple sendero puede convertirse en una pieza del paisaje cultural de la ciudad.

Por ello, los caminos históricos se consideran infraestructuras culturales vivas. Su valor no depende únicamente de la antigüedad del trazado. Lo que los hace patrimoniales es su capacidad de articular el paisaje natural con prácticas sociales, memorias colectivas y usos contemporáneos. Se habla, entonces, de caminos históricos patrimoniales de Bogotá.

Fauna del camino. Lagarto collarejo (Stenocercus trachicephalus)
Fauna del camino. Lagarto collarejo (Stenocercus trachicephalus).
Vista desde la Ermita de la Peña hacia Bogotá. La cruz se sitúa sobre una gran laja.
Vista desde la Ermita de la Peña hacia Bogotá. La cruz se sitúa sobre una gran laja.

Caminar el patrimonio y abrir nuevas rutas

Este camino refleja también la historia reciente de los barrios cercanos. Durante décadas estas comunidades enfrentaron dificultades sociales y estigmatización. Al mismo tiempo han comenzado a surgir proyectos de turismo comunitario y educación ambiental. La idea es que el camino no sea solo un recuerdo del pasado sino una oportunidad para el futuro. Miller Rincón, de nuevo, lo expresa con claridad. “Mi sueño es que estos jóvenes que hoy estamos formando, mañana estén arriba guiando gente”. El sendero hacia la ermita se ha convertido en uno de los escenarios donde ese cambio comienza a tomar forma.

Hoy el sendero continúa siendo recorrido por habitantes del sector y por visitantes que buscan conocer la montaña desde otra perspectiva. Los fines de semana y especialmente durante la Semana Santa muchas personas suben en romería y el camino vuelve a llenarse de pasos y voces. Para quienes participan, el ascenso tiene un significado espiritual pero también es una experiencia colectiva que fortalece la relación con el lugar. Los caminos históricos patrimoniales tienen esa capacidad, permiten descubrir paisajes y al mismo tiempo contar historias que permanecen en el territorio. Cada tramo muestra cómo la naturaleza, la memoria y la vida cotidiana se entrelazan en la montaña.

El colectivo tourbay_twenty_one durante la guianza al Alto de la cruz.
Miller Rincón del colectivo tourbay_twenty_one durante la guianza al Alto de la cruz.

Los primeros pasos

En el marco de lo dispuesto por el Plan de Ordenamiento Territorial (Decreto Distrital 555 de 2021) y el Plan Distrital de Desarrollo 2024–2027, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural  – IDPC viene avanzando en la identificación y caracterización de los caminos históricos patrimoniales de Bogotá como parte de la Estructura Integradora de Patrimonios. Este enfoque parte de una idea clave: el patrimonio no es único ni homogéneo, sino que se expresa en múltiples formas —natural, cultural material, inmaterial y arqueológico— que se entrelazan en el territorio. En el Plan de Ordenamiento Territorial, esta mirada se consolida al reconocer el patrimonio como una construcción viva vinculada a las memorias de quienes habitan y recorren estos lugares.