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Cada pedalazo en Bogotá es un acto de memoria.
La bicicleta no es solo transporte: es un hilo conductor que une barrios, comunidades y sueños. Aquí podrás conocer los avances del PES de la Cultura Bogotana en los usos y disfrutes de la bicicleta, un patrimonio vivo que sigue transformando la ciudad.
La cultura de la bicicleta en Bogotá no se limita solamente a las grandes vías ni a los espacios tan emblemáticos como la Ciclovía. Su vitalidad se manifiesta, sobre todo, en los barrios donde la bicicleta es parte del día a día: un medio de trabajo, de estudio, de encuentro y de subsistencia. Allí, la bicicleta no es un accesorio ni una moda urbana, sino una herramienta fundamental para habitar la ciudad.
Localidades como Bosa, Kennedy, Engativá, Suba, Usme, San Cristóbal, Ciudad Bolívar o Fontibón han consolidado una identidad ciclista propia. En estos territorios, la bicicleta ha sido por décadas una aliada silenciosa de la movilidad cotidiana. Es común ver a trabajadores, estudiantes, domiciliarios, madres de familia y adultos mayores desplazándose en bicicleta por calles y rutas que han hecho suyas.
En estos entornos, el uso de la bicicleta se entrelaza con prácticas comunitarias: talleres de barrio, escuelas ciclistas, grupos vecinales de apoyo al ciclista y formas de reparación colaborativa. Estos espacios configuran una infraestructura social que sostiene y reproduce esta manifestación cultural.
El Plan Especial de Salvaguardia reconoce que estos barrios no solo son territorios de uso, sino también de producción cultural. Allí se genera un saber práctico, colectivo y situado sobre la bicicleta. Preservar esta manifestación implica también visibilizar y valorar estos territorios como escenarios vivos donde el patrimonio ciclista se renueva todos los días, de forma diversa, y persistente.
La cultura de la bicicleta en Bogotá atraviesa múltiples territorios, desde las grandes avenidas, las entradas y salidas de la ciudad, las ciclorrutas, los velódromos y hasta los parques y barrios. Sin embargo, algunos lugares han sido icónicos para el desarrollo de esta manifestación cultural.
La Ciclovía de Bogotá es mucho más que un recorrido dominical; es una manifestación cultural que ha perdurado por más de cuatro décadas, transformándose en un símbolo de la vida urbana y en una expresión colectiva de movilidad, disfrute y apropiación del espacio público. Desde su creación en 1974, la Ciclovía ha sido un territorio en movimiento, un escenario en el que se entrelazan el deporte, la recreación, la sostenibilidad y el derecho a la ciudad.
Este espacio se despliega cada semana, abarcando kilómetros de calles y avenidas que conectan a toda la ciudad, desde el norte hasta el sur, y desde el oriente hasta el occidente. La Ciclovía no solo permite a miles de personas apropiarse de Bogotá de manera activa, sino que también crea una plataforma para la interacción social, el intercambio cultural, el disfrute ciudadano y el fortalecimiento del tejido comunitario.
La Gran Manifestación del Pedal, organizada por el colectivo ciudadano procicla el 15 de diciembre de 1974, sentó las bases de lo que años después se convertiría en la Ciclovía dominical de Bogotá. Este evento, impulsado por la necesidad de recuperar el espacio público para los ciudadanos y ofrecer una alternativa a la congestión vehicular, marcó un hito en el uso de la bicicleta en la ciudad. El evento cerró por espacio de 3 horas el circuito comprendido entre la carrera séptima y la carrera trece, entre calles 34 y 72 para el tránsito exclusivo de peatones y ciclistas. Esta manifestación que se repitió con éxito el 12 de octubre de 1975, visibilizó el uso de la bicicleta como una solución a los evidentes problemas de transporte en la ciudad y abrió las puertas para que la administración distrital realizará un estudio para examinar la viabilidad de la implementación de ciclovías en la ciudad. Así en 1976, bajo el mandato del entonces alcalde Luis Prieto Ocampo se promulgaron los decretos 566 y 567 que reglamentaron y tipificaron las ciclovías de Bogotá creando así los primeros cuatro circuitos.
Sin embargo, no fue hasta 1982 que la Ciclovía comenzó a organizarse semanalmente, abarcando inicialmente algunos kilómetros en el centro de la ciudad. Su éxito fue tal que rápidamente se expandió, hasta consolidarse como una de las más grandes y longevas del mundo. Lo que comenzó como una iniciativa pionera para contribuir a los problemas de congestión se ha convertido en un símbolo de la sostenibilidad y la integración social. A lo largo de los años, la Ciclovía ha pasado de ser una simple medida de recreación urbana a ser un patrimonio vivo que refleja el compromiso de Bogotá con la movilidad activa y el bienestar ciudadano.
Gran Manifestación del Pedal el 15 de diciembre de 1974 en Bogotá. Archivo particular. Fernando Caro Restrepo
La Ciclovía no es solo un espacio físico; es un escenario en el que se desarrollan múltiples actividades que enriquecen la experiencia urbana. Desde clases de aeróbicos y yoga, hasta actividades artísticas, conciertos y ferias comunitarias, la Ciclovía se ha convertido en un espacio donde convergen diversas expresiones culturales.
Este territorio simbólico ha sido testigo de manifestaciones deportivas, sociales y artísticas, que conectan a personas de todas las edades, géneros y procedencias.
Además, es en la Ciclovía donde la bicicleta ha encontrado su lugar preponderante. Cada domingo, las avenidas de Bogotá se llenan de ciclistas, tanto aficionados como profesionales, que recorren las calles de la ciudad en un ambiente de convivencia y respeto. La Ciclovía ha sido, sin duda, un catalizador para el crecimiento de la cultura ciclista en Bogotá, al ofrecer un espacio seguro y accesible para el uso de la bicicleta.
El trayecto de la Ciclovía atraviesa una diversidad de paisajes urbanos, conectando barrios tradicionales y modernos, zonas comerciales, parques y espacios históricos.
Entre sus tramos más representativos se encuentran el corredor de la Carrera Séptima, el cual atraviesa puntos icónicos como el Parque Nacional, la Calle 26, y la Avenida Boyacá, que conecta el occidente de la ciudad con el Parque Simón Bolívar, uno de los epicentros recreativos de Bogotá.
Este recorrido es mucho más que un paseo por las calles de la ciudad; es un viaje por la historia, la geografía y la cultura bogotana. Cada tramo de la Ciclovía tiene su propio carácter, su propia identidad, y refleja la diversidad de una ciudad que se mueve en múltiples direcciones, pero que encuentra en la bicicleta un punto común de encuentro.
La Ciclovía de Bogotá ha sido reconocida como una manifestación cultural y un patrimonio inmaterial de la ciudad debido a su capacidad para perdurar y evolucionar a lo largo del tiempo. Este espacio se ha adaptado a las necesidades y desafíos de cada época, desde su creación hasta la actualidad, y ha demostrado ser un modelo replicable en otras ciudades del mundo.
En la Ciclovía se materializan los principios de continuidad, diferenciación, memoria y cohesión que guían esta bitácora. Es un espacio que trasciende lo físico para convertirse en un territorio simbólico, un lugar donde la ciudad se redescubre y donde se refuerza la idea de que el espacio público pertenece a todos. A través de los años, la Ciclovía ha sido testigo de los cambios urbanos, pero también ha sido un espacio constante que une generaciones, formando parte de la memoria colectiva de los bogotanos.
La indumentaria de quienes se mueven en bicicleta por Bogotá dice mucho más de lo que a simple vista parece. No es solo ropa para protegerse del clima o prendas pensadas para la comodidad del cuerpo en movimiento: es también una expresión concreta de las múltiples formas de habitar la ciudad sobre dos ruedas.
En ciertos contextos, la vestimenta ciclista adopta características particulares que reflejan identidades u oficios. Los chalecos reflectivos, las maletas de gran capacidad usadas por bicimensajeros, las badanas, los jerseys, o las camisetas con estampados de colectivos, construyen una estética ciclista reconocible. Son prendas que, además de cumplir una función práctica, comunican trayectorias, pertenencias, luchas y pasiones alrededor de la bicicleta.
En el ciclismo deportivo, por ejemplo, la indumentaria especializada —como las lycras ajustadas, los uniformes de equipo o las zapatillas de clip— hace parte de un universo de disciplina, rendimiento, entrenamiento y cuidado del cuerpo. Pero incluso estas prendas han sido apropiadas por ciclistas urbanos que las usan por comodidad o como símbolo de orgullo ciclista. En los colectivos, rodadas temáticas o ciclopaseos, es común encontrar logos, stickers, placas, camisetas personalizadas y accesorios intervenidos con mensajes que refuerzan el sentido de comunidad y resistencia.
Ahora bien, para muchas mujeres que pedalean por la ciudad, la elección de la ropa no es solo una decisión práctica o estética, sino también una estrategia de protección frente al acoso. Algunas, manifiestan que el uso de licras, pantalones cortos o ropa ajustada —prendas comunes y funcionales para el ciclismo— puede exponerlas a comentarios sexualizados, miradas invasivas o situaciones de violencia en el espacio público. Esta realidad condiciona la forma en que muchas mujeres se visten para montar en bicicleta, obligándolas a negociar constantemente entre comodidad, seguridad y visibilidad. La indumentaria, en este caso, se convierte en una frontera sensible entre el derecho a circular libremente y la necesidad de autoprotección frente a violencias cotidianas.
Sin embargo, no todas las personas que montan en bicicleta usan ropa técnica o especializada. Buena parte de quienes pedalean a diario lo hacen simplemente con su ropa habitual: uniformes escolares, vestidos formales, faldas, jeans, batas médicas u overoles. En las calles de Bogotá es común ver a vigilantes, domiciliarios, empleados o estudiantes pedaleando con el atuendo de su jornada. Muchas veces no se identifican a sí mismos como “ciclistas”, pero su presencia cotidiana sobre la bicicleta es fundamental para comprender la dimensión popular y funcional de esta manifestación cultural.
En Bogotá, la indumentaria es un collage móvil que cruza clases sociales, territorios, géneros, edades y estéticas. Es ropa que se adapta, que se personaliza, que se resignifica. Es ropa que resiste la lluvia, el sol, la indiferencia, y que acompaña al cuerpo en el ejercicio cotidiano de moverse con autonomía.
En ese sentido, la indumentaria es un componente clave del patrimonio cultural inmaterial de la bicicleta. Porque cada prenda usada para rodar —sea técnica o improvisada, nueva o reciclada, deportiva o de trabajo— es también una forma de memoria, una señal de pertenencia y una manifestación de las múltiples culturas que conviven y se transforman al pedalear Bogotá.
Los objetos que acompañan la cultura de la bicicleta no solo son funcionales, sino que han adquirido un valor simbólico en esta manifestación.
En el corazón de la manifestación de la Cultura Bogotana de los Usos y Disfrutes de la Bicicleta, se encuentra un elemento que trasciende su naturaleza física: la bicicleta. Este objeto sencillo, formado por dos ruedas, un marco y pedales, ha evolucionado para convertirse en un emblema de transformación social, ambiental y cultural en Bogotá. Más allá de su función como medio de transporte, la bicicleta es hoy un símbolo de resistencia, libertad y conexión comunitaria, reflejando una nueva forma de habitar y entender la ciudad.
Desde sus primeras apariciones en las calles de Bogotá, la bicicleta ha representado una forma alternativa de moverse por la ciudad, en medio de un contexto dominado por el automóvil y el transporte motorizado. En este sentido, la bicicleta se convirtió en una herramienta de resistencia ante la congestión, la contaminación y la exclusión del espacio público. Los ciclistas bogotanos, al apropiarse de este objeto, han redefinido la movilidad urbana, reclamando su derecho a circular de manera segura y a participar en la construcción de una ciudad más habitable.
La bicicleta, entonces, no solo es un medio de transporte, sino un acto de resistencia en sí misma. Es la respuesta de miles de ciudadanos que, con cada pedalazo, desafían la lógica predominante del uso del automóvil y las dificultades que la ciudad presenta para la movilidad alternativa. Este objeto se convierte en un símbolo de libertad, al ofrecer una forma económica, ecológica y eficiente de recorrer Bogotá.
La bicicleta ha cruzado las fronteras del objeto funcional para convertirse en un ícono de la cultura ciclista de Bogotá. Es un medio que une a personas de diferentes clases sociales, edades y géneros, promoviendo la inclusión y la equidad en el acceso al espacio público.
Desde los más jóvenes que aprenden a pedalear en los parques de la ciudad, hasta los adultos mayores que encuentran en la bicicleta un vehículo de conexión con su entorno, este objeto representa una cultura compartida, accesible y transversal.
Además, la bicicleta se ha transformado en un vehículo de expresión personal y comunitaria.
Los bogotanos no solo usan la bicicleta, sino que la personalizan y la embellecen, convirtiéndola en un reflejo de sus propias identidades. Los colores, los accesorios, las adaptaciones y las intervenciones artísticas que se ven en las bicicletas por toda la ciudad son una muestra de la diversidad y riqueza cultural que esta manifestación ha generado.
En colectivos ciclistas, la bicicleta es también una herramienta para educar y movilizar a la sociedad en torno a la sostenibilidad, el respeto por el medio ambiente y el uso consciente del espacio público. Movimientos como el ciclismo urbano, los ciclopaseos y los talleres de reparación comunitaria han surgido en Bogotá como expresiones directas de una cultura enraizada en este objeto.
Uno de los aspectos más destacados de la bicicleta como elemento representativo de esta manifestación cultural es su capacidad para conectar distintas temporalidades. La historia de la bicicleta en Bogotá se remonta a principios del siglo XX, cuando los primeros ciclistas comenzaron a recorrer las calles.
Con el tiempo, la bicicleta ha sido testigo de los cambios en la configuración urbana de la ciudad, desde el auge del automóvil hasta la construcción de ciclorrutas y la consolidación de la Ciclovía como un espacio seguro para pedalear.
Este objeto, que ha acompañado a generaciones de bogotanos, es también una semilla para el futuro.
En un momento en que la crisis climática y los retos de la movilidad urbana son una realidad ineludible, la bicicleta emerge como una respuesta tangible y viable.
Su capacidad para moverse sin contaminar, su simplicidad técnica y su eficiencia energética hacen de la bicicleta una herramienta fundamental para enfrentar los desafíos futuros de las ciudades.
La bicicleta no solo conecta a las personas con la ciudad, sino que crea lazos entre comunidades. A lo largo de los años, han surgido múltiples colectivos ciclistas que promueven el uso de la bicicleta como un medio de transporte inclusivo y accesible. Estos colectivos no solo organizan eventos y recorridos, sino que fomentan el uso responsable y seguro de la bicicleta, creando una red de apoyo entre ciclistas y promoviendo la solidaridad en las vías. En barrios, veredas y localidades, la bicicleta ha sido el medio de transporte que une a personas de diferentes realidades, permitiendo que la movilidad no sea un privilegio de unos pocos, sino un derecho de todos. De este modo, la bicicleta se convierte en un vehículo de cohesión social, contribuyendo a la creación de una ciudad más justa y equitativa.
La cultura ciclista en Bogotá no sería lo que es hoy sin la presencia activa, persistente y creativa de los colectivos ciclistas comunitarios. Estas agrupaciones, muchas de ellas autogestionadas y con fuertes raíces barriales, han sido fundamentales en la consolidación de la bicicleta como una manifestación cultural viva, diversa y en constante evolución.
Desde hace más de dos décadas, diferentes colectivos como Teusaca tu bici, Bikennedy, Fontirueda, Concienbiciate, Ciclopaseo de los Miércoles, Ciclopaseo Cachaco, Súbase a la bici, entre muchos otros, han promovido el uso cotidiano de la bicicleta no solo como medio de transporte, sino como acto político, herramienta pedagógica y forma de habitar el espacio público. Estos grupos han generado espacios de encuentro, formación, movilización y cuidado entre ciclistas, construyendo una red de apoyo mutuo que trasciende lo individua
Su accionar se manifiesta en múltiples dimensiones: recorridos urbanos nocturnos, talleres de mecánica básica, procesos de formación en seguridad vial, pedagogías del cuidado, acciones de memoria urbana, campañas por el respeto al ciclista, luchas por infraestructura incluyente, entre otras. Muchas de estas prácticas han surgido de manera espontánea y horizontal, adaptándose a las realidades de cada territorio y promoviendo una visión colectiva y transformadora de la movilidad.
Finalmente, estos colectivos son un componente esencial de la memoria viva de la manifestación. Son ellos quienes, desde el hacer cotidiano, sostienen el tejido social de la cultura ciclista y garantizan su reproducción a través de la pedagogía, la creatividad, la participación ciudadana y la incidencia política.
La comunidad ciclista de Bogotá está conformada por una diversidad de actores que, a lo largo de los años, han sido fundamentales en la consolidación de esta manifestación.
Este oficio ha perdurado en el tiempo, adaptándose a las nuevas demandas. Los mecánicos no solo reparan bicicletas, sino que son guardianes de una tradición que ha pasado de generación en generación.
La bicicleta, como símbolo de la cultura ciclista en Bogotá, no existiría en su estado actual sin la labor minuciosa y dedicada de los artesanos y mecánicos de bicicletas.
Estos oficios son fundamentales en la cadena de valor que sostiene el uso y disfrute de la bicicleta en la ciudad, y su trabajo va más allá de la simple reparación o fabricación de piezas; ellos son los custodios de un saber tradicional que se ha transmitido de generación en generación, enriqueciendo la historia y memoria de la bicicleta en Bogotá.
En el corazón de los talleres mecánicos, ubicados en diferentes puntos de la ciudad, los mecánicos de bicicletas desempeñan un rol crucial en la vida ciclista bogotana. Cada día, cientos de personas dependen de su conocimiento y destreza para mantener sus bicicletas en óptimo estado. Estos talleres, que a menudo son negocios familiares, se han convertido en puntos de encuentro para la comunidad ciclista, espacios donde se intercambian saberes y se forjan lazos.
El oficio de mecánico de bicicletas es un arte en sí mismo, donde la precisión, el conocimiento de las piezas y la experiencia son esenciales para garantizar que cada bicicleta esté lista para el uso diario, desde los recorridos en la Ciclovía hasta los trayectos laborales. La figura del mecánico no solo resuelve problemas técnicos, sino que también conecta a los ciclistas con la historia y el funcionamiento del propio vehículo, generando un vínculo más profundo entre la persona y su bicicleta.
Este oficio ha evolucionado con el tiempo, adaptándose a las nuevas tecnologías y a la aparición de diferentes tipos de bicicletas, como las eléctricas, las de montaña y las de ruta.
Sin embargo, los mecánicos de bicicletas han sabido mantener un equilibrio entre las técnicas tradicionales y las innovaciones modernas, lo que les permite ser verdaderos custodios del patrimonio vivo de la bicicleta en Bogotá.
Su trabajo es esencial para la continuidad de esta manifestación, ya que, sin ellos, la cultura ciclista no podría florecer de la manera en que lo ha hecho.
Por otro lado, los artesanos de bicicletas aportan una dimensión creativa y estética a la manifestación de la Cultura Bogotana de los Usos y Disfrutes de la Bicicleta.
Mientras los mecánicos mantienen en funcionamiento las bicicletas, los artesanos las transforman en verdaderas piezas de arte. Estos oficios incluyen la construcción personalizada de bicicletas, la fabricación de piezas únicas y la intervención estética en el diseño de los cuadros y accesorios.
Los artesanos de bicicletas, además, tienen un papel fundamental en la memoria viva de la manifestación, ya que su oficio implica el uso de técnicas tradicionales que, en muchos casos, han sido transmitidas de generación en generación. Estas técnicas incluyen el trabajo con acero, la soldadura de cuadros y la elaboración artesanal de piezas y accesorios.
En un mundo cada vez más dominado por la producción en masa, el trabajo de estos artesanos se alza como un acto de resistencia frente a la homogeneización y una reafirmación de la individualidad y el valor del trabajo manual.
Estos oficios son parte de la memoria viva de la manifestación porque guardan y transmiten saberes que se entrelazan con la historia de la bicicleta en Bogotá. Desde los talleres mecánicos que han sido testigos de generaciones de ciclistas, hasta los artesanos que transforman una bicicleta en una obra de arte, estas personas son el alma de la cultura de la bicicleta en la ciudad. Su legado no solo es técnico, sino también cultural, ya que a través de su trabajo preservan y perpetúan la tradición ciclista en Bogotá, garantizando su continuidad para las futuras generaciones.
En ejercicio de sus capacidades institucionales y en concordancia con su misionalidad, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC) adelantó, durante el primer semestre de 2025, diversas acciones orientadas a la implementación del Plan Especial de Salvaguardia (PES) de la Cultura Bogotana de los Usos y Disfrutes de la Bicicleta.
Como parte del trabajo de implementación del PES, se finalizó la fase de investigación y recolección de insumos para el desarrollo de la exposición museal “Rodar juntas”, orientada a visibilizar las experiencias de las mujeres ciclistas en Bogotá y su papel fundamental en el uso cotidiano de la bicicleta en la ciudad.
Este proceso se desarrolló en articulación con el equipo del Museo de Bogotá, con quienes se coordinaron tres talleres participativos enfocados en recopilar información adicional y profundizar en las vivencias de comunidades diversas vinculadas al uso de la bicicleta. Estos espacios permitieron recoger insumos cualitativos clave para la construcción del guión curatorial y la propuesta museográfica de la exposición.

En paralelo, se fortalecieron los procesos de gestión interinstitucional y territorial, articulados a la implementación del PES:
Entre febrero y abril de 2025, se realizó la socialización del PES en las sesiones de algunos Consejos Locales de la Bicicleta de las localidades de Kennedy, Suba, Engativá y Bosa. Estas jornadas permitieron presentar los avances del plan, convocar a la ciudadanía a participar en la implementación del PES y a trabajar articuladamente con la Mesa Gestora del PES con la intención de reforzar el enfoque territorial del proceso.
Entre marzo y mayo, se consolidó una articulación con la Secretaría Distrital de Movilidad para garantizar la presencia del PES en la Semana de la Bicicleta. Esta colaboración permitirá visibilizar el enfoque patrimonial de la cultura ciclista dentro de la agenda oficial de actividades que se tienen previstas.
Finalmente, el IDPC participó como delegado en la segunda sesión de la Comisión Intersectorial de la Bicicleta, con el objetivo de compartir los avances en la implementación del Plan Especial de Salvaguardia obtenidos durante el 2024 y primer semestre 2024.
La Mesa Gestora de la Cultura Bogotana de la Bicicleta celebró su primera sesión del año en abril de este año. Durante este encuentro se presentó la versión final del acuerdo de funcionamiento de este espacio, el cual fue sometido a revisión y aprobación por parte de los integrantes. Asimismo, se socializó la propuesta del plan de trabajo para 2025, que fue analizada y retroalimentada por los componentes institucional y comunitario antes de ser validado colectivamente.
En esta sesión se adquirieron compromisos orientados a fortalecer la articulación interinstitucional y comunitaria, especialmente en lo relacionado con la sensibilización y divulgación del Plan Especial de Salvaguardia (PES) en distintas localidades de la ciudad.
En el marco de las capacidades institucionales y la misionalidad del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC), durante 2024 se adelantaron diversas acciones relacionadas con la implementación del Plan Especial de Salvaguardia (PES) de la Cultura Bogotana de los Usos y Disfrutes de la Bicicleta.
Se llevaron a cabo mesas de articulación interinstitucionales, las cuales permitieron construir conjuntamente el plan de acción como ruta de navegación del Plan Especial de Salvaguardia – PES de la cultura bogotana de los usos y disfrutes de la bicicleta para los próximos dieciséis años, brindando acompañamiento técnico en planeación estratégica e implementación del PES.
Se adelantó igualmente la priorización de resultados, productos y actividades para el primer año de implementación del PES, ajustando el plan de acción bajo un criterio realista y de ajuste del primer año.
Como parte de esta implementación, se avanzó en la investigación y recolección de insumos para el desarrollo de una exposición museal titulada “Mujeres en bici”, orientada a profundizar en las experiencias de las mujeres ciclistas y visibilizar su rol en la construcción de una cultura ciclista cotidiana en Bogotá.
Este proceso se realizó en articulación con el equipo del Museo de Bogotá, con el que se coordinaron cuatro talleres participativos. Estas actividades permitieron recopilar información cualitativa para la curaduría de la exposición. Para ello, se contrató a dos profesionales de apoyo, encargados de la investigación y del diseño metodológico de los talleres. Las sesiones se llevaron a cabo entre el 30 de octubre y el 23 de noviembre de 2024: la primera fue virtual, y las tres restantes se desarrollaron en las sedes del IDPC y el Museo de Bogotá.

En el marco del Portafolio Distrital de Estímulos, el IDPC, a través de la sección de Fomento, otorgó dos estímulos por medio de la Beca para la Divulgación de Memorias y Patrimonios de la Cultura Bogotana de la Bicicleta. Los proyectos seleccionados fueron:
“Descubre Bosa: Rutas pedagógicas sobre ruedas” – RUPAO Arte Ambiental:
Este proyecto diseñó y llevó a cabo cuatro rutas pedagógicas en bicicleta por la localidad de Bosa, para explorar el patrimonio cultural inmaterial presente en el territorio. Se buscó visibilizar la relación entre el uso de la bicicleta y los procesos de apropiación social del patrimonio.
“Victorias y glorias: Relatos de campeonas” – Cinemazul Media Group SAS: Centrado en la historia del ciclismo femenino en Colombia, este proyecto produjo una serie documental sobre cinco pioneras de este deporte en las décadas de 1970 y 1980. La serie fue proyectada en cinco funciones públicas en espacios como bibliotecas y la Cinemateca de Bogotá.
Ambos proyectos promovieron la divulgación del PES mediante enfoques artísticos y comunitarios, y contaron con el acompañamiento técnico del equipo del IDPC.

En paralelo, la SCRD otorgó dos estímulos a través de la Beca “La historia contada en barrios de Bogotá”, orientados a apoyar la implementación del PES:
“Oficios y saberes locales:
El patrimonio cultural inmaterial de la Ciclovía en sus 50 años” – Fundación Movilidad Activa: Se realizó una investigación sobre los oficios y saberes que han emergido en torno a la Ciclovía dominical como actividad económica y cultural. El principal producto fue un mapeo de oficios y puntos comerciales en su circuito. Esta acción contribuyó tanto a la Línea 3 como a la Línea 1 del PES (Fortalecimiento organizativo y productivo), en particular a la estrategia “Bici-emprendimientos y saberes locales”.
“Patrimonio sobre ruedas” – Colectivo Contarnos: Este proyecto abordó el reconocimiento ciudadano del patrimonio cultural asociado al ciclismo urbano, especialmente dentro de la comunidad criterium, conformada por jóvenes ciclistas de piñón fijo.
Ambos proyectos contribuyeron a la socialización del PES y al reconocimiento del valor histórico y cultural de la bicicleta en la vida urbana de Bogotá.
La implementación del PES ha requerido una coordinación constante con diversas entidades distritales. En ese sentido, se coordinaron acciones conjuntas con la Secretaría Distrital de Movilidad, la Secretaría de la Mujer, el Instituto Distrital de la Participación y Acción Comunal (IDPAC) y RTVC. Asimismo, el PES fue socializado en espacios ciudadanos e institucionales, incluidos los eventos de la Semana de la Bicicleta de Bogotá.

Tras la instalación del Consejo Distrital de la Bicicleta por parte del IDPAC, el pasado 27 de noviembre de 2024 se logró activar la Mesa Gestora del PES, con la participación de cinco delegados ciudadanos y representantes de las entidades: IDPC, SCRD, IDRD, Secretaría de Movilidad y Secretaría de la Mujer.
Durante esta primera sesión, se presentó el balance de ejecución del PES en 2024 y se socializaron las acciones priorizadas para 2025. Se compartieron los Acuerdos de Funcionamiento y el acta No.1 con los integrantes del consejo. La próxima reunión programada para 2025 tendrá como objetivos la aprobación de dichos acuerdos y la construcción colectiva del plan de acción anual.
