¿Qué historias guardan las calles, las montañas y los espacios de encuentro de un barrio? A través del programa Civinautas del Instituto Distrital de Patrimonio cultural – IDPC, jóvenes de la IED Campestre Monteverde asumieron el reto de explorar y documentar las memorias vivas de su territorio.
El patrimonio cultural hace parte de los lugares que transitamos y la identidad que construimos en comunidad. Bajo esta premisa, durante los últimos meses, estudiantes de la Institución Educativa Distrital Campestre Monteverde, ubicado en el barrio San Luis de la localidad de Chapinero, participaron en el proceso Memorias de San Luis, una experiencia de formación impulsada por el programa Civinautas del IDPC.
“Bogotá también se construye donde muchos no miran”, se leía en una de las cartulinas que los jóvenes prepararon para la muestra.
“Con el proyecto Civinautas hemos venido realizando diferentes tipos de ejercicios en los cuales hemos percibido que hay problemas de patrimonio, memoria y falta de identidad dentro del mismo barrio. Y eso hoy lo estamos mostrando a través del trabajo que se ha venido realizando; cómo, a través de la memoria y diferentes relatos de los habitantes del barrio, podemos empezar a visibilizar eso que es el barrio y generar una idea mucho más allá de que somos parte de Bogotá”, mencionó Alejandro León, profesor del colegio Monteverde.
Por su parte, Sandra, estudiante de grado 11, compartió su experiencia:
«Nuestra propuesta es un mapa donde recolectamos relatos de la comunidad y del colegio. Tuvimos salidas pedagógicas donde tomamos fotos y profundizamos en el conocimiento de nuestro barrio. Quisimos recolectar historias sobre cómo llegaron los habitantes y nos enfocamos en el mapa porque consideramos que el mismo barrio es el monumento de este lugar».
Este ejercicio permitió a los jóvenes reconocer su territorio más allá de la cotidianidad, utilizando herramientas como recorridos, cartografías sociales, entrevistas a familias y ejercicios de creación colectiva para desentrañar la esencia de su barrio.
Cuatro miradas que narran un territorio
El resultado de este proceso de formación se materializó en cuatro propuestas creativas que invitan a reflexionar sobre la identidad y las luchas de quienes habitan San Luis:
• Memorias que habitan la casa:
Una instalación que abre las puertas a la intimidad, explorando las historias familiares y los recuerdos que se guardan en los espacios cotidianos.
• No somos ilegales, somos San Luis:
A través de las gráficas, esta propuesta visibiliza las luchas históricas de la comunidad por el reconocimiento y la dignificación del barrio. En esta sección, los carteles de los estudiantes cobraron un protagonismo rotundo con consignas contundentes:
“Exigimos, resistimos y merecemos legalización”
“No pedimos favores, exigimos derechos”
“No somos menos por vivir lejos”
• Cartografía de memorias de San Luis:
Un mapa vivo construido a partir de los relatos y recorridos, donde los lugares significativos se conectan con las vivencias de sus habitantes.
• Relatos de la cotidianidad:
Una instalación audiovisual que, mediante un tejido de voces, sonidos e imágenes, da vida a espacios vitales como el páramo, las canchas y los puntos de encuentro.
“San Luis tiene memoria”, escribieron los estudiantes en sus mensajes, dejando claro que el territorio se defiende recordando su historia.
Los estudiantes de la IED Campestre Monteverde no solo aprendieron sobre su herencia cultural, sino que se convirtieron en narradores activos, demostrando que el patrimonio de Bogotá se fortalece cuando sus ciudadanos se apropian de él, lo documentan y deciden compartir sus memorias con el resto de la ciudad.
«Ver a los jóvenes transformar su mirada sobre el territorio es la prueba más clara de que el patrimonio no son sólo objetos del pasado, sino las memorias vivas que construimos a diario. Desde el IDPC, resaltamos este ejercicio de Civinautas, donde el aula de clase se expande a la calle, a la montaña y a la casa. Cuando una comunidad documenta su propia historia, no solo está protegiendo su identidad, está garantizando que el legado de Bogotá siga siendo un relato compartido, diverso y, sobre todo, profundamente humano»,destaca Diego Parra, director del IDPC.




