Instituto Distrital de Patrimonio Cultural

El IDPC hizo de la memoria, la inclusión y las historias de Bogotá una experiencia viva en la FILBo 2026

El IDPC hizo de la memoria, la inclusión y las historias de Bogotá una experiencia viva en la FILBo 2026

El IDPC hizo de la memoria, la inclusión y las historias de Bogotá una experiencia viva en la FILBo 2026

El IDPC hizo de la memoria, la inclusión y las historias de Bogotá una experiencia viva en la FILBo 2026

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Con lanzamiento editorial, conversaciones sobre memoria e inclusión, talleres para niñas, niños y adolescentes y espacios que conectaron la ciudad con sus imágenes, sonidos y relatos, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural – IDPC dejó una huella profunda en la versión 38 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Así, el instituto convirtió el patrimonio cultural de la capital en una experiencia cercana, emotiva y colectiva para miles de ciudadanos.

La versión 38 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá – FILBo 2026 dejó para el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural – IDPC una participación marcada por el diálogo ciudadano, la memoria y las múltiples formas de acercarse al patrimonio cultural de la capital. Bajo el eslogan “Escucharnos es leernos”, la entidad respondió al llamado de la FILBo, consolidó y participó en una agenda que reunió lanzamientos editoriales, conversatorios, talleres pedagógicos y espacios de reflexión en torno a la historia, las imágenes, los sonidos y las experiencias que construyen la identidad bogotana.

Durante la feria, el IDPC participó con el lanzamiento del libro Chapinero. Quintas, barrios  y demoliciones; desarrolló espacios de conversación sobre memoria visual y cultura sonora con publicaciones como Hermi Friedmann y Bogotá encubierta: cartofonías (1957–2025); realizó el taller pedagógico Memorias secretas del territorio a través de Civinautas; y participó como invitado en FILBo Incluyente con el conversatorio Aterrizando la inclusión en los espacios artísticos, organizado por la Fundación Gilberto Alzate Avendaño – FUGA.

“En escenarios como la FILBo entendemos que el patrimonio no se conserva únicamente en los archivos o en los monumentos: vive en las conversaciones, en las preguntas de la ciudadanía, en las memorias que compartimos y en la posibilidad de escucharnos para reconocernos como ciudad. Cada libro, cada conversación y cada encuentro nos permitió acercar el patrimonio cultural de Bogotá a las personas desde la emoción, desde la experiencia y desde el valor profundo de nuestras historias comunes”, afirmó Diego Parra Cortés.

Chapinero: una historia de ciudad contada desde sus transformaciones

Uno de los momentos más destacados de la participación del IDPC fue el lanzamiento del libro Chapinero. Quintas, barrios  y demoliciones, una publicación del Sello Editorial del IDPC escrita por el historiador Alfredo Barón Leal, que propuso una lectura histórica y sensible sobre las transformaciones urbanas de uno de los sectores más emblemáticos de Bogotá.

La obra reconstruyó los procesos de crecimiento, modernización y cambio que marcaron a Chapinero a través de fotografías, relatos, planos y archivos históricos que permitieron comprender cómo el barrio pasó de ser un territorio de quintas y grandes residencias a consolidarse como uno de los centros neurálgicos de la capital. El libro abordó también las tensiones entre memoria, demolición y desarrollo urbano, invitando a reflexionar sobre aquello que permanece y aquello que desaparece en la ciudad contemporánea.

“Este libro es una deuda con un sector muy importante de Bogotá que se configuró como uno de sus centros neurálgicos. Era necesario entenderlo como un territorio histórico de la ciudad y reconocer las memorias que todavía sobreviven entre sus transformaciones. Chapinero sigue hablándonos desde sus casas, desde sus calles y desde los vestigios que aún resisten al paso del tiempo”, señaló Alfredo Barón durante el conversatorio de lanzamiento.

La publicación se destacó además por su propuesta gráfica y editorial, en la que el color, las tipografías, la relación entre texto e imagen y la calidad visual permitieron construir una experiencia de lectura cercana y profundamente narrativa. El encuentro contó con una amplia participación ciudadana y abrió una conversación sobre la importancia de los libros como herramientas para acercar la historia urbana a nuevas generaciones.

“Los libros del Sello Editorial del IDPC tienen la capacidad de acercarnos a la historia de Bogotá desde un lenguaje sensible y accesible. Este trabajo sobre Chapinero demuestra que el patrimonio también puede contarse de manera visual, emotiva y cercana para la ciudadanía”, expresó Diego Romero Sánchez, asistente al lanzamiento y docente universitario.

El Bogotálogo y una nominación que reconoció la memoria colectiva de la ciudad

Otro de los momentos importantes para el IDPC durante FILBo 2026 fue la participación en el conversatorio: ¿Quieres saber cómo está el ecosistema de diseño editorial en Bogotá?, espacio organizado por la Secretaría de Cultura Recreación y Deporte y el Premio Lápiz de Acero, en el que se destacó la nominación de la cuarta edición de Bogotálogo. Usos, desusos y abusos del español hablado en Bogotá, publicada en 2025, a este premio en la categoría editorial, un reconocimiento al trabajo gráfico, investigativo y de diseño desarrollado por el Sello Editorial del Instituto.

La publicación, convertida ya en una referencia cultural para la ciudad, reúne palabras, expresiones, fotografías y relatos cotidianos que retratan la diversidad lingüística y cultural de Bogotá. Uno de los elementos más destacados de esta edición fue la participación de la ciudadanía, que aportó imágenes y memorias para ilustrar este particular diccionario urbano, convirtiéndolo en una construcción colectiva sobre las formas diversas de habitar y narrar la capital.

“Estamos muy felices de haber sido nominados con nuestro querido Bogotálogo a los Premios Lápiz de Acero. Esta publicación tiene un valor enorme porque logra traducir la diversidad cultural de Bogotá en imágenes, palabras y relatos construidos junto a la ciudadanía. El diseño editorial buscó que cada página dialogara con la memoria visual de la ciudad, integrando fotografías aportadas por la comunidad, recursos tipográficos y elementos gráficos que convierten el libro en una experiencia viva y cercana”, afirmó Yessica Acosta, diseñadora gráfica, de arte y diagramación del Sello Editorial del IDPC.

La nominación reconoció no solo la calidad editorial de la obra, sino también la manera en que el patrimonio inmaterial de Bogotá encontró en el diseño un vehículo para acercarse a nuevos públicos y fortalecer el sentido de pertenencia alrededor de las formas de hablar, recordar y representar la ciudad.

Una conversación necesaria sobre inclusión y acceso a la cultura

En el marco de FILBo Incluyente, el director del IDPC participó en el conversatorio Aterrizando la inclusión en los espacios artísticos, organizado por la Fundación Gilberto Alzate Avendaño – FUGA, junto a Óscar Rodríguez Chávez.

El espacio propició una profunda reflexión sobre las barreras físicas, tecnológicas y sociales que aún enfrentan las personas con discapacidad para acceder plenamente a la vida cultural de la ciudad. A partir de su experiencia tras padecer el síndrome de Guillain-Barré, Óscar Rodríguez compartió las dificultades que encontró en aspectos cotidianos como el transporte, el acceso a páginas web, los baños públicos, los recorridos urbanos y las condiciones de permanencia en conciertos, museos y escenarios culturales.

“Después de mi enfermedad entendí que muchas veces las ciudades no están pensadas para quienes habitamos el mundo de una manera distinta. Ir a un concierto, entrar a un museo o simplemente moverme por Bogotá se convirtió en una experiencia llena de obstáculos. Hablar de inclusión es hablar de dignidad y de la posibilidad de participar plenamente de la cultura y de la vida en comunidad”, expresó Rodríguez durante el encuentro.

Por su parte, Diego Parra Cortés destacó que estos espacios permitieron ampliar la mirada sobre el patrimonio y los derechos culturales desde una perspectiva humana y colectiva.

“La inclusión no puede seguir siendo un discurso accesorio dentro de la cultura. Debe ser una práctica real que atraviese la manera en que diseñamos espacios, recorridos y experiencias para la ciudadanía. Escuchar testimonios como el de Óscar nos recordó que una ciudad verdaderamente democrática también es aquella que garantiza que todas las personas puedan vivir y disfrutar plenamente de su patrimonio cultural”, afirmó el director del IDPC.

Imágenes, memoria y ciudad: las conversaciones que dejó el Sello Editorial

Otro de los espacios emotivos de la FILBo fue el conversatorio Entre la fiesta y la tragedia. Foto Hermi y una Bogotá de contrastes (1938–1948), realizado a propósito del libro Hermi Friedmann del Sello Editorial del IDPC. La conversación permitió revisitar la obra de la fotógrafa austriaca desde una mirada histórica y urbana que reveló las múltiples ciudades que coexistían en Bogotá durante una época atravesada por la modernización y la violencia.

Las imágenes de Hermi Friedmann permitieron recorrer una Bogotá íntima y cotidiana: calles, rostros, celebraciones y escenas urbanas que sobrevivieron al tiempo y que hoy constituyen un archivo invaluable para comprender la transformación de la ciudad. El encuentro también abrió una reflexión sobre el lugar de las mujeres en la historia visual y cultural de Bogotá, reconociendo el legado de una fotógrafa que logró abrirse camino en un entorno predominantemente masculino.

“Escuchar la historia de Hermi Friedmann fue profundamente conmovedor porque nos recordó el papel de las mujeres en la construcción de la memoria visual de Bogotá. Sus fotografías no solo retrataron una ciudad: también dejaron ver sensibilidades, silencios y formas de habitar que durante mucho tiempo permanecieron invisibles”, expresó Laura Milena Cárdenas, asistente al conversatorio.

La música y las imágenes también fueron protagonistas en el espacio Bogotá encubierta: cartofonías (1957–2025). Escuchar la ciudad a través de sus imágenes, una conversación que exploró cómo las carátulas de discos y los archivos fonográficos construyeron otras formas de leer y recorrer Bogotá.

A través de más de siete décadas de portadas musicales, el libro mostró una ciudad sonora y visual en permanente transformación: una Bogotá atravesada por géneros musicales, cambios urbanos, memorias del Bogotazo y nuevas maneras de representar el territorio desde la cultura popular. Más que un catálogo gráfico, la publicación propuso entender la ciudad como una experiencia sensible que también puede escucharse.

“Fue increíble descubrir cómo las portadas de los discos también cuentan la historia de Bogotá. Uno entiende que la ciudad no solo se mira: también se escucha, se baila y se recuerda a través de la música. Este conversatorio nos permitió sentir la ciudad desde otro lugar”, señaló Mauricio Andrés Beltrán, melómano y asistente al encuentro.

Civinautas: aprender el patrimonio desde el juego y la imaginación

La participación del IDPC en la FILBo también incluyó espacios dedicados a la infancia y la formación ciudadana. A través del programa Civinautas, niñas y niños participaron en el taller Memorias secretas del territorio, una experiencia pedagógica que invitó a descubrir la historia prehispánica de Bogotá mediante juegos, tinta invisible, ilustraciones y exploraciones sensoriales.

La actividad permitió acercar a los participantes a los símbolos, paisajes y memorias ancestrales de la ciudad desde el juego y la creatividad, reafirmando la importancia de reconocer el patrimonio como algo vivo, cotidiano y en permanente construcción.

“Mi hijo salió feliz del taller porque sintió que estaba descubriendo secretos de Bogotá mientras jugaba. Me pareció muy valioso que los niños puedan aprender sobre la historia y el patrimonio desde la imaginación y desde experiencias que los hacen sentirse parte de la ciudad”, expresó Sandra Milena Rojas, madre participante en la actividad.

La participación del IDPC en la FILBo 2026 dejó así un balance marcado por las conversaciones ciudadanas, la circulación de nuevas memorias y la posibilidad de acercar el patrimonio cultural de Bogotá a públicos diversos. Los libros, talleres y conversatorios desarrollados durante la feria demostraron que el patrimonio no es un relato distante ni inmóvil, sino una experiencia colectiva que se construye desde las voces, las imágenes, los sonidos y las historias de quienes habitan la ciudad.

En una edición de la feria que invitó a “escucharnos para leernos”, el IDPC reafirmó que reconocer el patrimonio también implicó aprender a escuchar la ciudad: escuchar sus memorias, sus transformaciones, sus diferencias y las múltiples maneras en que la ciudadanía continúa escribiendo la historia cultural de Bogotá.