Durante dos días, una pregunta reapareció de distintas maneras en el auditorio Marino Troncoso de la Pontificia Universidad Javeriana: ¿qué estamos haciendo hoy con aquello que esperamos que permanezca? Y no hubo una única respuesta.
Hablar de patrimonio material condujo a discutir sostenibilidad; hablar de archivos llevó a preguntarse por los silencios y las voces ausentes; abordar el patrimonio cultural inmaterial puso en primer plano la transmisión, la vida cotidiana y las condiciones de quienes sostienen las prácticas; pensar las crisis obligó a hablar de prevención; y proyectar a Bogotá hacia sus 500 años llevó la conversación hasta la planeación urbana, la financiación, la movilidad, los barrios y la participación.
Ese desplazamiento estuvo contenido desde la apertura del Foro Memoria que construye futuro, realizado el 29 y 30 de septiembre como cierre del Mes del Patrimonio 2026 y en el año de conmemoración de los 20 años del IDPC. Allí se propuso entender el patrimonio desde dimensiones patrimoniales, sociales, económicas e institucionales articuladas con una mirada ambiental. También se planteó una premisa que atravesaría las dos jornadas: el patrimonio no permanece inmóvil; la ciudad lo usa, cuida, investiga, protege, habita y resignifica.
La primera conversación, dedicada a la sostenibilidad del patrimonio material, instaló una pregunta que después reaparecería bajo otras formas: ¿cuál es el legado que se quiere dejar a las siguientes generaciones y bajo qué condiciones puede permanecer? El balance del encuentro recogió esta discusión alrededor de la necesidad de pensar conjuntamente investigación, conservación y divulgación, en lugar de comprender la protección como una acción aislada sobre los bienes porque proteger supone reconocer los valores y las dinámicas del territorio, atender las condiciones que ponen en riesgo su permanencia y fortalecer el conocimiento y la apropiación social que hacen posible su cuidado.
Desde esta perspectiva, investigar permite comprender qué se protege y por qué; conservar, actuar sobre sus condiciones materiales; y divulgar, hacer reconocibles esos valores y vincular a la ciudadanía con su preservación. Así pues, la conversación sobre la sostenibilidad no se agotó en la permanencia física de un edificio, un monumento o un objeto. Y en distintos momentos del foro apareció vinculada con recursos, capacidades institucionales, condiciones sociales, participación, transmisión y posibilidad de adaptación.
Ya desde el primer panel del Foro se comenzó a hablar de los cruces entre patrimonio material e inmaterial que proponía el diseño de la agenda de dos días. En el panel del segundo día elaborado para conversar en torno al patrimonio inmaterial se afirmó que “la conservación del patrimonio cultural material solo es posible gracias a la inmaterialidad de las prácticas que lo sostienen”, cuestionando nuevamente la separación que suele organizar administrativamente la gestión patrimonial, y justamente los mencionados Planes Especiales de Manejo y Protección (PEMP) ya proponen esa articular investigación, conservación y divulgación.
¡El patrimonio no solo mira al pasado, es la fuerza con la que construimos el futuro de Bogotá! 🏛️✨
Con emotivas palabras, Diego Parra Cortés, director del IDPC, dio apertura al Foro “Memoria que construye futuro”.
El evento, con el que cerramos el Mes del Patrimonio y celebramos los 20 años de la entidad, se realiza durante dos días (29 y 30 de septiembre) en el Auditorio Marino Troncoso de la Universidad Javeriana.
Abordaremos temas como la sostenibilidad, innovación, tecnología, archivos e inmaterialidad.
La conversación sobre patrimonio cultural inmaterial llevó esta discusión un paso más adelante, más allá de los instrumentos para poner el foco en las personas. En este espacio la sostenibilidad fue abordada desde asuntos como la transmisión entre generaciones y las condiciones sociales, económicas y ambientales que permiten la continuidad de las prácticas.
Una de las ideas que rigieron la conversación surgió al problematizar la transmisión como una entrega de conocimientos de una generación a otra. Una de las invitadas a este panel señaló que los jóvenes y las infancias reinterpretan aquello que reciben y que la sostenibilidad no consiste en conservar exactamente lo realizado por generaciones anteriores, sino en que esos conocimientos continúen teniendo sentido mediante nuevas interpretaciones.
La transmisión apareció entonces ligada al cuerpo, a la experiencia y a la vida cotidiana y se planteó como una experiencia corporal; uno de los invitados observó que las prácticas vinculadas con la cotidianidad pueden encontrar mayores posibilidades de continuidad por fuera de espacios formales como la escuela. Pero el panel introdujo una condición todavía más concreta al sostener que “sin unas condiciones de vida mínimas para las comunidades y los pueblos que sostienen la materialidad y la inmaterialidad del patrimonio cultural, difícilmente puede hablarse de su sostenibilidad”.
La afirmación puso foco entonces en el problema desde las manifestaciones hacia las personas. Si desaparecen las condiciones para permanecer en un territorio, ejercer un oficio, reunirse, producir, cocinar, celebrar o transmitir un saber, también se afectan las posibilidades de continuidad de aquello que se pretende salvaguardar. En esa misma dirección apareció el cuidado: cuidar a las personas y cuidar entre las personas fue planteado como una condición básica para la salvaguardia y la transmisión.
¿Qué necesita una práctica cultural para permanecer en el tiempo? ⏱️
Hablar de sostenibilidad del patrimonio cultural inmaterial implica preguntarse por su transmisión, pero también por las condiciones en las que viven las personas y comunidades que sostienen saberes, prácticas y memorias.
El panel “Sostenibilidad y Patrimonio Cultural Inmaterial” puso sobre la mesa el lugar del cuerpo y la experiencia, la vida cotidiana, el arte, la memoria, el territorio y el cuidado, así como las dimensiones sociales, económicas y ambientales que inciden en la continuidad de estas prácticas.
👉🏼Desliza para conocer algunas de las reflexiones que dejó esta conversación del Foro.
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Otra de las conversación amplió la pregunta desde la transmisión llevándola hacia la producción de memoria. En Relatos patrimoniales desde el archivo: libros que se enfrentan al silencio, a partir del trabajo de Escritoras Ocultas, se puso sobre la mesa un problema distinto: los archivos no contienen necesariamente todas las historias que una sociedad necesita contar. Los ejercicios socializados en el espacio recuperaron las trayectorias de mujeres como Hermi Friedmann y Hena Rodríguez y la conversación entonces planteó la investigación patrimonial como un trabajo de seguimiento de rastros fragmentarios, recuperación de voces y conexión de huellas que permanecían dispersas o ausentes.
Este punto dialoga también con la discusión sobre transmisión. Lo que una generación puede conocer del pasado depende también de qué fue registrado, conservado, catalogado, investigado y puesto nuevamente en circulación. Por eso en el espacio se mencionaron los silencios como hechos no ajenos al patrimonio, porque también forman parte de la disputa por aquello que una sociedad reconoce como digno de ser memoria.
📚✨ Cuando el silencio también cuenta la historia.
En el Foro Memoria que Construye Futuro, del Mes del Patrimonio 2026, Isabel Cristina Díaz y Paula Matiz, codirectoras del colectivo Escritoras Ocultas y autoras del Sello Editorial del IDPC, nos mostraron cómo investigar lo patrimonial es seguir rastros fragmentarios, recuperar voces y conectar huellas para dar forma a historias que permanecían ausentes.
🖼️ Desde el archivo visual de Ricardo Moros Urbina: Imágenes de una Bogotá en cambio 1882-1911 hasta Hermi Friedmann, y el próximo libro sobre Hena Rodríguez Parra, la artista que inició una revolución (2026), el panel evidenció cómo la invisibilización de las mujeres ha marcado nuestra historia y por qué reconstruirla es también un acto de memoria.
👉 Sigue explorando estas historias en los libros del Sello Editorial del IDPC, disponibles en www.idpc.gov.co
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La conferencia Patrimonio en tiempos de crisis introdujo un escenario distinto: ¿qué sucede cuando aquello que se quiere transmitir está amenazado?
Las guerras, el saqueo y tráfico ilícito, el abandono, el cambio climático y los desastres naturales ocuparon lugar en la conversación como factores capaces de destruir el patrimonio cultural. Y la conclusión llevó la discusión desde la reacción hacia la anticipación: las crisis ocurrirán; la cuestión es cómo prepararse mediante protección jurídica, divulgación, conservación preventiva, acciones contra el tráfico ilícito, participación comunitaria y preparación ante emergencias.
Vista junto con las conversaciones anteriores, esta intervención permite ampliar todavía más la idea de sostenibilidad que atravesó las dos jornadas del Foro. Conservar, bien se sabe, no comienza cuando un bien ya está deteriorado, ni salvaguardar cuando una práctica está a punto de desaparecer. La capacidad de anticipar riesgos también forma parte de la gestión del patrimonio material e inmaterial.
2038: el futuro obliga a tomar decisiones en el presente
El último conversatorio del Foro llevó todas estas preguntas hacia una fecha concreta: 2038, cuando Bogotá cumplirá 500 años. El antecedente fue el cuarto centenario y la manera en que aquella celebración estuvo asociada con la construcción y proyección de una ciudad que entonces era muy distinta. Y la conversación actual llevó justamente a pensar qué decisiones deben empezar a tomarse ahora para conmemorar un nuevo centenario de la ciudad sin dejar los retos y tensiones de lado.
Así fue como aparecieron asuntos como los instrumentos y la financiación a la hora de intervenir bienes de interés cultural, el instrumento de transferencias de derechos de construcción ocupó un lugar importante en la conversación y también se habló, por supuesto, de renovación urbana, reúso adaptativo, vivienda, los efectos de las nuevas infraestructuras de transporte y la relación entre los BIC y los tejidos urbanos que los rodean.
Pero la discusión volvió a desbordar los edificios. Una de las invitadas definió el patrimonio como una construcción social compuesta por identidad, memoria colectiva, prácticas y conocimientos, y vinculó su futuro con el reconocimiento y la participación de las comunidades. Otra de las invitadas incorporó a la conversación la obsolescencia urbana, la habitabilidad, la naturaleza como patrimonio vivo, la diversidad, la descentralización y el papel de los barrios, junto con una pregunta inevitable en esa conversación: cómo financiar las ideas de ciudad para que puedan materializarse.
La accesibilidad apareció entonces con un significado amplio. Uno de los invitados planteó la necesidad de un patrimonio conectado y accesible, asociado con nuevos usos y procesos de reúso adaptativo; y esa accesibilidad amplió la conversación a la posibilidad de vivir y reconocer la ciudad completa, incluidas sus zonas rurales.
Como parte del cierre del #MesDelPatrimonio y de la conmemoración de los 20 años del #IDPC, abrimos la pregunta por la Bogotá del futuro en el Foro #MemoriaQueConstruyeFuturo: un espacio para imaginar la ciudad con los patrimonios como parte de las decisiones sobre su transformación.✨
Bogotá cumplirá 500 años en 2038. ¿Cómo queremos llegar a ese momento? ¿Cómo dialogan la memoria y las transformaciones urbanas? ¿Qué papel tendrán la planeación, la financiación, la participación de las comunidades y el acceso a los patrimonios?
Estas fueron algunas de las preguntas del conversatorio Bogotá 500 años, una conversación sobre las decisiones que empiezan a construir, desde hoy, la ciudad que habitaremos en 2038.
👉🏼Desliza para conocer algunas de sus reflexiones.
Si algo conectó conversaciones tan diferentes fue que el futuro del patrimonio no puede pensarse únicamente como la conservación de aquello que llegó desde el pasado.
Los bienes necesitan recursos, instrumentos y capacidad institucional. Las prácticas necesitan personas con condiciones para sostenerlas. La transmisión necesita permitir que las nuevas generaciones interpreten y transformen aquello que reciben. Los archivos necesitan ser interrogados para reconocer sus ausencias. La tecnología necesita preservar el sentido de aquello sobre lo que interviene. Las crisis exigen preparación. Y una ciudad en transformación necesita decidir cómo integra sus memorias, territorios y comunidades en las decisiones urbanas que determinarán su futuro.
Esa convergencia resulta especialmente significativa en los 20 años del IDPC. Las palabras de apertura situaron la conmemoración como una oportunidad para observar cómo Bogotá ha ampliado su propia idea de patrimonio: desde la recuperación del Centro Histórico y la protección de bienes materiales hacia nuevas memorias, territorios, paisajes, prácticas culturales y formas de participación.
El foro realizado en el auditorio Marino Troncoso de la Pontificia Universidad Javeriana el 29 y 30 de septiembre, permitió llevar esa historia hacia adelante. Si durante estas dos décadas se amplió la pregunta por qué reconoce Bogotá como patrimonio, las conversaciones de “Memoria que construye futuro” sugieren otra para las próximas conversaciones: ¿qué condiciones estamos dispuestos a construir para que esos patrimonios puedan seguir siendo parte de la ciudad?


