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Instituto Distrital de Patrimonio Cultural

¿Cómo llevar las memorias de Usme a otros lugares de Bogotá? Una maleta abre nuevos caminos

¿Cómo llevar las memorias de Usme a otros lugares de Bogotá? Una maleta abre nuevos caminos¿

¿Cómo llevar las memorias de Usme a otros lugares de Bogotá? Una maleta abre nuevos caminos

¿Cómo llevar las memorias de Usme a otros lugares de Bogotá? Una maleta abre nuevos caminos

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ArqueoMemoria es una herramienta pedagógica creada por la Fundación Colectivo Memoria junto con estudiantes de colegios rurales de Usme. Su construcción hace parte de un proceso ciudadano de reconocimiento y divulgación del patrimonio cultural que ahora amplía sus posibilidades de circulación con la participación del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural — IDPC.

Todo comenzó con una pregunta: ¿cómo llevar el Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme a quienes no tienen la posibilidad de visitarlo?

Responderla implicaba imaginar nuevas maneras de acercarse al parque sin necesidad de estar allí, en esa búsqueda surgieron ideas para crear un dispositivo itinerante, capaz de recorrer la ciudad y llevar consigo una pequeña representación del lugar, sus memorias y sus hallazgos arqueológicos. Entre ellas apareció la imagen de un carrito de perros calientes que pudiera desplazarse por distintos espacios de Bogotá, despertando la curiosidad de quienes se encontraran con él.

Aunque esta idea no llegó a materializarse, abrió una posibilidad: pensar en un objeto cotidiano que pudiera viajar, desplegarse y propiciar encuentros alrededor del patrimonio. De esa exploración surgió la idea de una maleta que, al abrirse, invitara a explorar, preguntar y descubrir las memorias de Usme desde otros lugares.

Así nació ArqueoMemoria, una herramienta pedagógica creada por la Fundación Colectivo Memoria a partir de un proceso de investigación, creación y trabajo con estudiantes de colegios rurales de Usme Alto.

La Fundación produjo tres ejemplares: uno para sus propias actividades de divulgación, otro destinado a las comunidades educativas rurales que participaron en el proyecto y un tercero entregado al IDPC para fortalecer el trabajo del Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme — PAPCU.

Desde su creación, las maletas han permitido desarrollar actividades de reconocimiento y apropiación del patrimonio. La Fundación ha continuado su trabajo de socialización con su ejemplar y la maleta destinada a los colegios rurales también ha sido activada. Por su parte, el IDPC presentó por primera vez a la ciudadanía la maleta recibida de la organización durante el Mes del Patrimonio 2026, en septiembre de 2026, en la Biblioteca Pública Gabriel García Márquez – El Tunal.

Allí, entre títeres, mapas, juegos y réplicas arqueológicas, se abrió una nueva oportunidad para conversar sobre las memorias de Usme y las distintas formas de conocerlas, interpretarlas y transmitirlas.

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Para Jonathan Sánchez, integrante de la Fundación Colectivo Memoria, la relación con el parque comenzó cuando todavía no se había consolidado como tal.

«Nuestra historia con el parque es larga», recuerda. Antes de constituirse como fundación, sus integrantes participaron en recorridos y procesos de reconocimiento del patrimonio de Usme, trabajaron de la mano de Jaime Beltrán (dirigente campesino del Partido del Trabajo de Colombia y líder social de las comunidades rurales de la localidad quinta de Usme) y, posteriormente, se vincularon a espacios de participación relacionados con el parque, entre ellos el Festival Patrimonios en Ruana y los ejercicios de construcción colectiva de sus propuestas museográficas.

Su interés inicial estaba en Usme Pueblo, en sus memorias y en las prácticas culturales de sus habitantes. El acercamiento al área arqueológica amplió esa mirada y les permitió reconocer las relaciones entre las distintas expresiones patrimoniales del territorio.

«Cuando nosotros nos acercamos al parque, sí lo entendemos como ese tejido donde confluyen muchas cosas, donde confluyen muchos sentidos, muchos saberes, muchas prácticas, muchos ideales, muchas visiones, muchas identidades», explica Jonathan.

El Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme tiene su origen en el hallazgo arqueológico de la antigua Hacienda El Carmen, en 2007. Su historia está vinculada a la movilización de habitantes y organizaciones que defendieron la importancia de conservar los vestigios encontrados y reconocer las memorias del territorio frente a las transformaciones urbanas.

Desde entonces, la investigación arqueológica, la participación comunitaria y los procesos de apropiación social han contribuido a la construcción del parque como un lugar para comprender las relaciones entre el pasado y el presente de Usme.

La Fundación Colectivo Memoria ha participado en parte de ese camino. Pero sus integrantes identificaron una dificultad: muchas personas, incluso habitantes de la misma localidad, todavía no conocían el parque ni comprendían su importancia.

De esa inquietud surgió la decisión de crear una herramienta que pudiera desplazarse hacia otros públicos.

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La Fundación comenzó a trabajar con estudiantes de colegios rurales de Usme Alto para conocer sus relaciones con la arqueología, el territorio y el parque.

No se trataba únicamente de diseñar materiales para enseñarles determinados contenidos. El proceso buscaba comprender qué les interesaba, qué preguntas tenían y mediante cuáles actividades podían acercarse, descubrir, interpretar y resignificar las historias de su territorio.

El equipo desarrolló talleres, ensayó dispositivos pedagógicos y realizó visitas al parque para observar qué despertaba mayor curiosidad entre los estudiantes. Sus respuestas ayudaron a definir los contenidos y las formas de interacción de la maleta.

«Fue como un tire y afloje», cuenta Jonathan. Los estudiantes probaban las herramientas, compartían sus impresiones y contribuían a transformar las propuestas del equipo.

De ese intercambio surgieron tres componentes: el territorio de Usme, el parque arqueológico y el oficio de la arqueología.

El primero permite reconocer los diferentes patrimonios de la localidad; el segundo propone un recorrido por las transformaciones históricas del territorio, desde sus ocupaciones antiguas hasta los procesos de expansión urbana; y el tercero invita a comprender cómo trabajan quienes investigan los vestigios del pasado.

Para Jonathan, era importante mostrar que la arqueología no consiste únicamente en encontrar o recuperar objetos. También implica preguntarse por las personas que los utilizaron, sus prácticas y las historias que pueden reconstruirse a partir de ellos.

La socialización de esos conocimientos fue, desde el comienzo, parte del proceso de creación. Los encuentros con estudiantes, las visitas al parque y las pruebas de los materiales permitieron poner en conversación los saberes de la Fundación con las experiencias de las infancias. La maleta es también el resultado de esas conversaciones.

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¿Qué historias caben dentro de una maleta?

Al abrir ArqueoMemoria aparecen títeres, fábulas, mapas, fichas, juegos, sellos, moldes y réplicas de objetos arqueológicos. Hay representaciones de un sonajero, un mocasín y una copa ceremonial, además de materiales inspirados en pictogramas y torteros.

También contiene lupas, brújulas, escalas y recursos para explorar la estratigrafía, una de las herramientas fundamentales para comprender cómo se forman y estudian las capas del suelo.

Cada elemento propone una manera distinta de acercarse a las historias del territorio. Un mapa permite identificar sus patrimonios; una réplica despierta preguntas sobre los objetos y sus usos; un personaje abre la posibilidad de contar una historia; y un juego permite explorar las tareas de la investigación arqueológica.

La elaboración de estos materiales reunió a un equipo interdisciplinario de la Fundación Colectivo Memoria, integrado por profesionales de la docencia, la antropología, la sociología, la arquitectura, el diseño y la comunicación visual, entre otros campos. Su materialización contó con el apoyo económico del Instituto Colombiano de Antropología e Historia — ICANH, mediante su programa de estímulos de 2025.

El resultado es una herramienta que busca acercar el conocimiento arqueológico a la vida cotidiana y reconocer que las memorias de Usme también se encuentran en las experiencias de quienes habitan el territorio.

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Para Zulma Rugeles, integrante del equipo del Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme, recibir ArqueoMemoria representa una oportunidad para ampliar las formas de encuentro con los públicos.

La Fundación Colectivo Memoria, señala, ha mantenido durante varios años una relación con el parque a partir de recorridos, actividades de divulgación y procesos de reconocimiento de los patrimonios de la localidad.

La entrega de la maleta permite que ese trabajo ciudadano se integre a las herramientas pedagógicas del IDPC y pueda llegar a otros espacios de la ciudad.

Zulma destaca especialmente la participación de las infancias rurales en su creación. Sus intereses y experiencias fueron parte de las decisiones sobre cómo presentar los contenidos, una perspectiva que considera fundamental para el trabajo institucional.

«A veces nos falta mucho a los profesionales entender que hay otros lenguajes y otras formas de llegar a estas poblaciones», afirma.

Su reflexión plantea un desafío para las instituciones culturales: reconocer que el conocimiento sobre el patrimonio puede construirse y compartirse desde múltiples experiencias, edades y contextos. Las comunidades no son únicamente receptoras de información; también producen conocimientos, proponen interpretaciones y participan en las decisiones sobre aquello que consideran importante preservar y transmitir.

Esta perspectiva adquiere especial relevancia cuando se piensa en el futuro de Bogotá y en las generaciones que participarán en su construcción.

Diego Parra, director del IDPC resalta que:

«Cuando Bogotá cumpla 500 años, en 2038, las niñas y los niños que hoy participan en estos procesos serán jóvenes que estarán construyendo la ciudad. Por eso es fundamental que el patrimonio cultural entre en conversación con las infancias desde ahora, que puedan conocerlo, hacer preguntas, interpretarlo y decidir qué memorias quieren llevar hacia el futuro. El patrimonio que conservará Bogotá en las próximas décadas también se está construyendo hoy, en estos encuentros entre generaciones, comunidades e instituciones».

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ArqueoMemoria no fue concebida como una pieza única ni como un material destinado a permanecer guardado. Sus tres ejemplares permiten que la experiencia circule por diferentes espacios y que cada activación abra nuevas conversaciones sobre el territorio.

La Fundación Colectivo Memoria dispone de un protocolo de préstamo gratuito para las personas y organizaciones interesadas en utilizar su maleta, bajo condiciones de transporte y cuidado de los materiales. Su intención es que pueda llegar a otros lugares de Bogotá e incluso del país.

Para Jonathan, esta posibilidad de circulación responde a una convicción construida durante años de trabajo comunitario: el conocimiento sobre el patrimonio debe llegar a más personas y abrir espacios para que participen en su interpretación.

«No debería haber una única maleta, deberían haber muchas maletas, y no maletas, de pronto muchas maneras de mostrar el parque», plantea.

Su reflexión también alcanza la relación entre las organizaciones ciudadanas y las instituciones. Para él, la historia del parque demuestra que la participación comunitaria ha sido decisiva en su construcción y que el trabajo conjunto permite ampliar las posibilidades de investigación, conservación y divulgación.

«Yo siento que el parque no podría hacerse sin la comunidad, de hecho el parque y su historia nacen a partir de eso, de una lucha social, de una exigencia ciudadana sobre el patrimonio».

La entrega de ArqueoMemoria al IDPC y su primera presentación institucional a la ciudadanía dan continuidad a una relación construida durante años entre la Fundación Colectivo Memoria y el Parque Arqueológico y del Patrimonio Cultural de Usme. Contar con esta herramienta pedagógica representa para el Instituto una oportunidad de ampliar los escenarios de diálogo y reconocimiento del parque, acercando sus historias, hallazgos y memorias a públicos de distintas edades y lugares de Bogotá.

Esta posibilidad de circulación también permite que los conocimientos sobre el territorio se encuentren con otras experiencias y preguntas. Porque las memorias de una ciudad no permanecen intactas ni tienen una única manera de contarse: se investigan, se comparten, se discuten y adquieren nuevos sentidos cuando pasan de unas generaciones a otras.

ArqueoMemoria abre así un camino para que más personas participen en esas conversaciones y en la construcción de aquello que Bogotá reconoce como parte de su patrimonio cultural y desea conservar para el futuro.