A través de un convenio interadministrativo, el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural -IDPC y la Fundación Gilberto Álzate Avendaño- FUGA han articulado esfuerzos técnicos y presupuestales para la ejecución de obras de primeros auxilios y una sobrecubierta sostenible en guadua. Esta intervención preventiva protege un Bien de Interés Cultural del ámbito nacional (Resolución 1640 de 2004) ubicado en la emblemática Carrera 3 No. 10-27, en la localidad de La Candelaria.
Ante los riesgos inminentes detectados por filtraciones de aguas lluvias, humedades y afectaciones estructurales en sus cubiertas oriental y sur, el proyecto surgió como una acción urgente de contención para proteger el edificio, salvaguardar los bienes culturales que alberga y garantizar la seguridad de sus visitantes y trabajadores.
La casa colonial y sus raíces históricas
Esta joya de la arquitectura habitacional colombiana, de profundas raíces coloniales y transformaciones republicanas, cuenta con un pasado fascinante que conecta a los personajes más influyentes de la historia nacional. La edificación perteneció originalmente al Virrey José de Ezpeleta de Galdeano (1789-1797) y posteriormente a Juan Sámano (1754-1820), el último virrey de la Nueva Granada.
Hacia el año 1870, la casa fue propiedad de don Ángel y don Rufino José Cuervo, quienes explotaban allí una fábrica de cerveza. Al morir los propietarios sin dejar herederos, el inmueble pasó por herencia al Hospital San Juan de Dios, luego a la Beneficencia de Cundinamarca y, finalmente, fue adquirido por la FUGA, convirtiéndo también en la histórica residencia del líder político Gilberto Álzate Avendaño. La conservación y adecuación original de la casa colonial estuvo a cargo del destacado arquitecto cucuteño Luis Raúl Rodríguez Lamus, quien dedicó más de dos años a un cuidadoso trabajo de restauración enfocado en no falsear las formas y proporciones originales de la estructura.
Las casas republicanas y la expansión del conjunto
Una segunda etapa la constituyó la adecuación y conformación del conjunto inmobiliario que compone hoy la sede. Para esto fue necesaria la compra de tres inmuebles contiguos a la primera sede, adquiridos bajo la administración de doña Yolanda Ronga de Álzate Avendaño (directora de la Fundación desde 1972 hasta 1995) a través de una gestión de fondos con personalidades del medio político y la sociedad civil.
Es así como en 1985 se llevó a cabo, bajo la coordinación de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, el concurso de méritos para la ampliación y restauración de la sede donde funcionaría el centro cultural. Los ganadores del concurso fueron los arquitectos Eduardo Bodmer G., Luis Eduardo Calderón y Roswel Garavito Pearl. Estas adquisiciones fueron fundamentales para el desarrollo institucional de la fundación y la ampliación de sus programas artísticos y creativos en el centro de la ciudad.
Hacia el año 1870, la casa fue propiedad de don Ángel y don Rufino José Cuervo, quienes explotaban allí una fábrica de cerveza. Al morir los propietarios sin dejar herederos, el inmueble pasó por herencia al Hospital San Juan de Dios, luego a la Beneficencia de Cundinamarca y, finalmente, fue adquirido por la FUGA, convirtiéndo también en la histórica residencia del líder político Gilberto Álzate Avendaño. La conservación y adecuación original de la casa colonial estuvo a cargo del destacado arquitecto cucuteño Luis Raúl Rodríguez Lamus, quien dedicó más de dos años a un cuidadoso trabajo de restauración enfocado en no falsear las formas y proporciones originales de la estructura.
Un diseño sostenible y respetuoso con el patrimonio
La intervención actual se basó rigurosamente en los estudios y diseños técnicos elaborados y aprobados por el IDPC durante la primera fase del convenio. Con el aval del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, la obra contempla soluciones bajo los principios de conservación, integridad y mínima intervención.
Como parte de una estructura ecológica de vanguardia, se instalaron 585.95 m² de sobrecubierta liviana construida en guadua laminada estructural tratada, un material certificado que garantiza resistencia mecánica, adaptabilidad ambiental, sostenibilidad y reversibilidad. Para el manejo hídrico eficiente, la nueva estructura incluye un sistema técnico de canales para asegurar la correcta evacuación de aguas lluvias, frenando los deterioros por humedad.
Adicionalmente, se aplicaron tratamientos químicos fungicidas e insecticidas de amplio espectro idóneos para el patrimonio, prolongando la vida útil de los materiales históricos. El proyecto también contempló la mitigación de riesgos mediante la adecuación de cerramientos transitorios en polisombra para evitar la entrada de residuos vegetales o fauna, así como resanes y emboquillados en las áreas afectadas.
Trabajo en equipo por el patrimonio de Bogotá
El IDPC asumió el liderazgo técnico mediante la estructuración, contratación y supervisión directa de las obras de primeros auxilios y la interventoría integral (técnica, administrativa, jurídica y ambiental), resolviendo cualquier inquietud de índole patrimonial. Por su parte, la FUGA respaldó el proceso mediante la articulación misional de sus espacios, la facilitación de los accesos al predio y el traslado del 100% de los aportes presupuestales correspondientes para la ejecución.
“Salvaguardar la sede de la FUGA no es solo un deber técnico, sino un compromiso con la memoria viva de Bogotá. La implementación de esta sobrecubierta sostenible en guadua demuestra que la innovación ecológica y el respeto riguroso por el patrimonio arquitectónico pueden y deben caminar de la mano. Con estos primeros auxilios estamos deteniendo el deterioro de un Bien de Interés Cultural invaluable, asegurando que su historia colonial y republicana continúe firme para las futuras generaciones.» mencionó Diego Parra, director del IDPC.
Las obras contaron con un tiempo de ejecución estimado de tres meses y diez días en el área de la intervención una vez firmada el acta de inicio, marcando un hito fundamental hacia la futura restauración integral de este icónico punto de encuentro de la cultura y el arte en el corazón de Bogotá.
Esta entidad lidera el cuidado, protección, conservación, y la intervención de nuestros entornos históricos y culturales. Nuestro compromiso es tejer puentes entre el pasado y el presente, garantizando que los saberes y las identidades de la ciudad sigan latiendo en cada rincón.






