En un emotivo y riguroso encuentro de saberes, la comunidad de Usme, junto a los Cabildos Muiscas de Bosa y Suba, participaron de una nueva jornada de las Juntanzas Patrimoniales. El escenario no pudo ser más significativo: los laboratorios de antropología física y arqueología de la Universidad Nacional de Colombia, lugar donde se custodia, resguarda, registra e investiga el material arqueológico compuesto de elementos en cerámicas, piedras y restos óseos rescatados en la Hacienda El Carmen entre 2008 y 2009.
Las Juntanzas Patrimoniales son espacios de encuentro para escuchar, dialogar, debatir y proponer estrategias orientadas a la divulgación del patrimonio cultural. No ha sido un proceso sencillo, ya que en estos escenarios convergen personas, ideas, perspectivas y diversas formas de hacer y sentir; sin embargo, el compromiso de la comunidad ha sido el motor fundamental para darle continuidad.
Este proceso se ha venido consolidando de manera ininterrumpida a lo largo de los últimos años, abordando en cada ciclo un propósito diferente:
- 2023: Laboratorio de Mediación Territorial: Conversar para cuidar.
- 2024: Juntanzas Patrimoniales: Diseño para la memoria.
- 2025: Juntanzas Patrimoniales: Curando narrativas usmeñas.
Para el presente año, la comunidad se reunió con el fin de continuar el proceso curatorial y apelar a la creación colectiva bajo la gran pregunta: ¿cómo nos imaginamos una exposición en el Parque Arqueológico y Patrimonial de Usme -PAPCU? En esta búsqueda por encontrar los objetos que construyen su propia narrativa, la salida al laboratorio de arqueología de la Universidad Nacional se constituyó como la cuarta sesión del ciclo de este año, denominado Juntanzas Patrimoniales: Resonar la tierra.
A propósito de los objetos, esta visita era un paso crucial para reconocer las piezas principales de la futura exhibición. Uno de los grandes horizontes en la construcción de los pabellones expositivos y de la muestra misma es, precisamente, lograr el retorno de estas piezas rescatadas a su territorio original en Usme. Ver de cerca las vasijas, herramientas de piedra y restos óseos fue, para los asistentes, una forma de revivir la historia compartida. Zulma Rugeles, del equipo del PAPCU, destacó que lo vital de estas juntanzas es que las personas reconozcan un poco más el espacio del hallazgo, pero más allá de ver las piezas, es poderse relacionar y generar vínculos desde sus conocimientos y saberes propios.
Por su parte, Everardo Herrera Alarcón, historiador y museólogo del PAPCU, explicó que este esfuerzo colectivo apunta a esa meta mayor del retorno:
«Los objetos y las piezas arqueológicas van a retornar al parque. A partir de ello, tendremos una exposición para contar la historia de Usme a través de estos objetos, pero también con la narrativa, las luchas y todo lo que conforma la identidad contemporánea en el territorio», mencionó.
La jornada también propició un diálogo entre la academia y la cosmovisión indígena. La profesora Claudia Mercedes Rojas Sepúlveda, coordinadora del laboratorio de antropología física de la Universidad Nacional, junto a su semillero de investigación, abrieron las puertas para compartir las metodologías de preservación y escuchar las inquietudes comunitarias. Desde la perspectiva indígena, las autoridades y representantes de los cabildos muiscas resaltaron el valor espiritual del encuentro:
«Estamos recogiendo la palabra de la Universidad Nacional. Los resultados de esta investigación nos acercan mucho más a lo que fue la vida en el territorio, a nuestro pasado, y nos permiten proyectar el futuro. Reafirmamos el compromiso del pueblo muisca con la administración distrital en temas de sacralidad, territorialidad y espiritualidad».
Asimismo, Miguel Ángel Villamizar Vega, gerente de Instrumentos de Planeación y Gestión del Patrimonio, dio la bienvenida a la jornada resaltando el éxito del trabajo conjunto entre el IDPC, la Universidad Nacional y el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH).
La ciencia detrás de la memoria: el cuerpo y el entorno
Luego del recorrido por los laboratorios, la jornada se trasladó al Auditorio Margarita González del edificio de posgrados, donde se presentaron las investigaciones en curso que buscan descifrar la cotidianidad de los antiguos habitantes de Usme. En este espacio se debatió la importancia de la bioarqueología, explicando cómo la cultura, la alimentación, las costumbres y el entorno dejan huellas imborrables en el cuerpo y la genética. A través de estos estudios, se logra entender la interacción entre los seres humanos del pasado y su ambiente, desde los alimentos que consumían hasta los materiales que recolectaban para sus tejidos y viviendas.
En ese sentido, Felipe Agüero, en representación del IDPC, expuso el inventario y análisis bioantropológico de la colección ósea de la Hacienda El Carmen. Su intervención detalló el riguroso compromiso ético que implican los procesos de excavación, cuidado y protección del material, así como las metodologías para identificar el sexo, la edad y las patologías de los restos arqueológicos; un esfuerzo científico que permite reconstruir perfiles biológicos y comprender posibles desigualdades en las dinámicas sociales de estas antiguas comunidades.
Por último, los investigadores explicaron cómo el estudio de la dieta ancestral ayuda a comprender la salud y el entorno de la época, al tiempo que el Semillero de Arqueología Integral detalló el proceso de clasificación y digitalización de los hallazgos. Como cierre innovador, Juan Pablo Chavarro, estudiante de último semestre de antropología, presentó un proyecto de digitalización de piezas cerámicas, proponiendo una alternativa tecnológica idónea para visualizar y acercar estos tesoros arqueológicos a toda la ciudadanía sin poner en riesgo su conservación física.
La jornada concluyó con un diálogo abierto en el que el IDPC acogió las observaciones de la comunidad, sellando el compromiso de continuar construyendo el Parque Arqueológico de Usme con la voz, el sentir y la memoria histórica de sus propios habitantes.











