Cada trazo se convirtió en una forma de recordar, imaginar y contar la ciudad. La jornada permitió que distintas miradas se encontraran alrededor del dibujo para reconocer que el patrimonio también vive en las experiencias cotidianas, en los recuerdos y en la manera en que la ciudadanía observa las transformaciones de Bogotá.
El Vagón Escuela del Metro se convirtió en un lugar para detener la mirada y dibujar Bogotá. 31 personas participaron en la Dibujatón 2026: Activación Mes del Patrimonio, jornada liderada por el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural – IDPC en la que el dibujo fue mucho más que un ejercicio artístico: fue una manera de observar el presente, recuperar memorias y dejar un registro de la ciudad que se transforma.
Durante la actividad, las y los participantes se enfrentaron al reto de realizar una serie de dos a tres dibujos rápidos o sketches urbanos. Cada trazo partió de una mirada personal sobre el lugar y de la posibilidad de convertir aquello que se observaba en una imagen capaz de contar una historia.
La elección del Vagón Escuela del Metro dio a la jornada un significado particular. El espacio permitió observar de cerca uno de los proyectos que marca una nueva etapa en la historia urbana de Bogotá y, al mismo tiempo, registrar este momento antes de que la transformación sea parte de la cotidianidad de la ciudad.
Para Patricia Montaño, participante de la Dibujatón 2026, dibujar fue precisamente una forma de dejar constancia de ese momento:
“El dibujo es la manera que tengo de expresar mis sentimientos y, al mismo tiempo, de dejar un testimonio de la ciudad. Me gusta representar las partes simbólicas de Bogotá y, en esta ocasión, dibujar el Metro significó registrar un hito que marcará la historia de la ciudad. Fue también una forma de dejar testimonio de este primer acercamiento que tuvimos con él”.
La experiencia también puso en evidencia que mirar un lugar desde el dibujo implica detenerse en detalles que, en medio de la rutina, pueden pasar inadvertidos. Una fachada, una estructura, un paisaje o una escena cotidiana pueden convertirse en elementos de memoria cuando alguien decide representarlos y compartir la manera en que los percibe.
Esa relación entre dibujo, identidad y memoria fue también destacada por Efraín Rojas, quien encontró una oportunidad para conservar, a través de las imágenes, una parte de la vida cotidiana de la ciudad:
“El dibujo es una forma de expresión, pero también una manera de recopilar parte de nuestra identidad y de la cotidianidad que vivimos día a día. Por eso, me parece muy importante que se abran estos espacios, porque nos dan la oportunidad de plasmar nuestros imaginarios y, al mismo tiempo, de conservarlos para tener un registro más claro de cómo evoluciona la ciudad”.
Esta iniciativa hace parte de la apuesta del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural por acercar el patrimonio a la ciudadanía desde diferentes lenguajes y territorios. Las dibujatones han permitido llevar esta conversación más allá de los lugares tradicionalmente asociados con el patrimonio y reconocer que las localidades de Bogotá también están llenas de historias, prácticas, recuerdos y espacios significativos.
“Descentralizar el patrimonio cultural es fundamental para que la ciudadanía reconozca que Bogotá tiene muchos lugares y memorias que también hacen parte de lo que somos. En las dibujatones hemos encontrado que las personas no solo representan lo que tienen frente a sus ojos, sino que también recuperan recuerdos y relatos sobre cómo eran esos lugares, y esas miradas nos han ayudado a reconstruir la historia de la ciudad desde quienes la han vivido”, afirmó Diego Parra Cortés, director del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.
Así, cada dibujo realizado se sumó a una conversación más amplia sobre qué significa reconocer y preservar el patrimonio. No se trató únicamente de representar un espacio, sino de preguntarse qué historias contiene, qué recuerdos despierta y qué significado puede tener para quienes lo observan.
“Dibujar también fue una manera de preguntarnos qué ciudad queremos conservar, qué memorias queremos transmitir y cómo nos relacionamos con los lugares que habitamos. El patrimonio no se limita a las construcciones antiguas: también está en las prácticas, los relatos, la naturaleza y en las formas en que las comunidades le dan significado a sus territorios. Por eso, estos espacios permiten que la ciudadanía no solo conozca el patrimonio, sino que participe en la construcción de nuevas miradas sobre él”, expresó Carlos Caicedo, líder del equipo de Fomento del IDPC.
La mirada de cada participante continuará ahora en manos de los jurados, quienes recibirán el material consolidado de la jornada para evaluarlo y deliberar a partir de los criterios establecidos. El resultado de ese proceso se conocerá el 16 de octubre, cuando se anunciarán los tres dibujos ganadores de una bolsa de estímulos de $10 millones: $4,5 millones para el primer puesto, $3,5 millones para el segundo y $2 millones para el tercero.
Entre lápices, trazos y distintas formas de interpretar el entorno, la Dibujatón convirtió el Vagón Escuela en un espacio de encuentro entre arte, memoria y territorio. Las obras realizadas durante la jornada registraron un instante particular de Bogotá: una ciudad que cambia, pero que también conserva en sus habitantes las historias y las miradas que permiten contar esas transformaciones.
Más que dibujar un lugar, quienes participaron dejaron una huella de cómo lo vieron. Y en esos trazos quedó también una pregunta hacia el futuro: cómo será recordada esta Bogotá cuando aquello que hoy está en construcción haga parte de su paisaje cotidiano.











