La Iglesia de San Francisco, ubicada en el centro histórico de Bogotá, es uno de los templos más antiguos y representativos de la ciudad. Sus orígenes se remontan al siglo XVI y su arquitectura conserva elementos constructivos que la convierten en un referente de la arquitectura colonial en América. Declarada Monumento Nacional mediante el Decreto 1584 del 11 de agosto de 1975, hoy hace parte de los Bienes de Interés Cultural del ámbito nacional.
Entre sus valores patrimoniales se encuentran no solo sus espacios interiores y elementos ornamentales, sino también las fachadas que conservan materiales y sistemas constructivos históricos en piedra, ladrillo, madera y metal, testimonio de los procesos constructivos que han acompañado la historia de Bogotá durante siglos.
Sin embargo, la exposición permanente a factores ambientales, biológicos y antrópicos hace necesario adelantar acciones de conservación que permitan proteger sus características materiales y garantizar su permanencia en el tiempo.
Con ese propósito, la Brigada de Intervención al Patrimonio del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural — IDPC realizó recientemente labores de conservación en las fachadas del templo.
La intervención se fundamentó en los estudios técnicos desarrollados en 2018, así como en el diagnóstico y la propuesta de intervención elaborados por el equipo de intervención de fachadas en 2023. Estos instrumentos permitieron identificar las patologías presentes en las superficies, evaluar el estado de conservación de componentes como la piedra y el ladrillo y determinar los procesos necesarios para su recuperación.
A partir de este trabajo se consolidó un plan articulado entre la Orden Franciscana, administradora del inmueble, y el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, entidad competente para la validación y autorización de acciones en Bienes de Interés Cultural del ámbito nacional.
El diagnóstico técnico identificó diferentes tipos de afectaciones de origen físico, químico, biológico y antrópico.
Entre las principales patologías se encontraron depósitos de polvo, tierra y excrementos de palomas; la presencia de líquenes, hongos y plantas de pequeño tamaño en las partes altas de los muros; manchas profundas ocasionadas por grafitis cuyas tintas penetraron en los poros de la piedra y el ladrillo; así como eflorescencias asociadas a procesos de humedad por filtración desde la cubierta y por capilaridad desde el terreno.
A estas condiciones se sumaban otras afectaciones derivadas de la actividad humana, entre ellas micciones sobre los muros, abrasión mecánica sobre ladrillos y morteros de pega y disposición inadecuada de residuos.
Para atender estas problemáticas, la intervención contempló procesos de desinfección de superficies, limpieza en seco, eliminación de biodeterioro, eliminación de grafitis, limpieza en húmedo de carpinterías y lavado general del material pétreo.
Recuperar la lectura de los materiales históricos
Durante años, la acumulación de grafitis, suciedad, colonización biológica y otras afectaciones ocultó parcialmente las características de las fachadas de la Iglesia de San Francisco e impidió apreciar con claridad algunos de los materiales que caracterizan este inmueble patrimonial.
Según explicó Tatiana Moreno, coordinadora de la Brigada de Intervención al Patrimonio del IDPC, uno de los principales resultados del proceso fue precisamente recuperar esa lectura del edificio y volver a poner en valor los materiales que conforman su estructura histórica.
“El principal logro de esta intervención fue la recuperación y puesta en valor de los materiales históricos del inmueble, entendida tanto desde su dimensión técnica como desde su significado cultural e identidad. Las acciones ejecutadas permitieron hacer legible nuevamente la factura original de piedra y ladrillo, el sistema constructivo que define la autenticidad material del edificio, la cual había quedado cubierta durante años por la superposición de grafitis que impedían una lectura integral de las fachadas”.
Además de recuperar la lectura de estos elementos, las labores adelantadas contribuyeron a mitigar distintas patologías que venían afectando las superficies del inmueble, entre ellas procesos de biodeterioro, daños químicos y afectaciones de origen antrópico.
La conservación de un inmueble como la Iglesia de San Francisco exige un equilibrio permanente entre la necesidad de actuar sobre los deterioros existentes y la protección de los materiales originales que conforman el edificio.
De acuerdo con el equipo de intervención de fachadas del IDPC, la aplicación frecuente de productos químicos sobre materiales como la piedra, el ladrillo o los morteros de cal no es recomendable, pues su uso reiterado puede debilitar progresivamente estos componentes, independientemente del cuidado con que se realicen las limpiezas.
Por esta razón, las acciones de conservación no se limitan a la limpieza de las superficies. También requieren procesos continuos de monitoreo del estado de conservación del inmueble y la realización de intervenciones puntuales que permitan preservar sus características materiales.
“El principal factor para salvaguardar las fachadas es garantizar la permanencia en un mediano y largo plazo de las intervenciones realizadas. Debido a la naturaleza porosa y al estado actual de la piedra, ladrillo y morteros de pega, cada tratamiento adicional que se adelante incrementa el riesgo de alteración o pérdida de los sustratos originales, lo que obliga a priorizar otro tipo de acciones que se enmarcan en una restauración integral al inmueble”, señaló Tatiana Moreno.
La importancia de estas acciones adquiere una dimensión particular en un inmueble de alta visibilidad dentro del centro histórico de Bogotá. Según el equipo técnico, el deterioro visible de un bien patrimonial de estas características no solo afecta sus materiales, sino también la percepción y apropiación de un entorno urbano de especial relevancia para la ciudad.
Las acciones adelantadas en la Iglesia de San Francisco constituyen así un paso importante en la preservación de un bien que forma parte esencial de la memoria urbana e histórica de Bogotá. Al mismo tiempo, representan una invitación a reconocer el valor de los bienes patrimoniales y a contribuir a su cuidado, evitando acciones que aceleren su deterioro y comprometan la conservación de su materialidad histórica.








