Ganadores Programa Distrital de Estímulos 2017 – Dibujatón

Premio Dibujatón: ilustra el patrimonio de Bogotá – Categoría: Paisajes urbanos


Segundo lugar: Christian Valencia
Título: Al amparo de las montañas
(4 dibujos)
Calle 10 entre carreras Séptima y Tercera
Junio de 2017
Grafito, trazo y mancha sobre papel

Nació el 14 de abril de 1990 en Bogotá. Pasó la primera parte de su vida en Chinchiná, Caldas, donde también crecieron y vivieron sus padres antes de mudarse permanentemente a la ciudad. Estudió en el colegio El Minuto de Dios y ha vivido la mayor parte de su vida en el barrio del mismo nombre.
Egresado de la Pontificia Universidad Javeriana en octubre del 2015 con el título de Maestro en Artes Visuales con énfasis en expresión gráfica. Enfocado principalmente en el dibujo, la fotografía, el diseño gráfico y la escritura e interesado en las cualidades terapéuticas del arte y en su posible acercamiento disciplinar a la música, la literatura y el entretenimiento.
Ha servido como voluntario de Un Techo Para mi País y profesor no remunerado de inglés y dibujo a niños y jóvenes de la población de Codito en el norte de Bogotá y se desempeñó como agente bilingüe en un call center la mayor parte del año en curso.
Agnóstico, vegetariano y corredor aficionado. Sus pasatiempos son la jardinería, la cocina y el aprendizaje de nuevos idiomas.

Esta serie de dibujos se valió del paisaje urbano de La Candelaria –de la calle 10ª, específicamente– como vehículo para la introspección y buscó evocar, reflejar o señalar la capacidad intrínseca de este (y, en principio, de cualquier otro lugar) para apelar a la sensibilidad humana y resonar en el universo interior que, en gran parte, la determina en cada persona.
Surge de la premisa de que el ejercicio mundano de recorrer, habitar u observar un paisaje, supone un espacio propicio para estudiar el funcionamiento de nuestras emociones y sentimientos, para asumir la tarea de “conocerse a sí mismo”, y de que su papel como potencial intermediario o facilitador de ese trámite no necesita de un saber, estudio o lectura previas. Tal capacidad descansa, mejor, en un acervo cotidiano y a menudo imperceptible al que podemos acudir como seres en potencia conscientes y perceptivos: sencillamente, a la habilidad de caminar y de contemplar y a la experiencia de haber pasado por un lugar y de haber sido conmovidos por él; común, presumiblemente, a cualquier ser humano.
La principal virtud de esta actividad y de las imágenes a que dio lugar, sin embargo, resultó no ser sólo el beneficio psicológico que, objetivamente, de ellos pudo inferir su autor, sino también la oportunidad que le dieron de disfrutar, sin mayores pretensiones, de la ciudad y de su presencia en ella.