31 años después, salió agua por la pila del Chorro de Quevedo

  • Con una inversión de más de 600 millones de pesos, la Administración del Alcalde Enrique Peñalosa entregó el pasado 28 de julio la plazoleta del Chorro de Quevedo completamente recuperada.
  • Desde 1986 el Chorro de Quevedo no había sido intervenido. Hoy, este emblemático lugar de Bogotá renace para el disfrute de todos. 

Bogotá, 27 de julio de 2017. A través de un convenio interadministrativo entre el Instituto Distrital de Turismo (IDT) y el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC), se coordinó y ejecutó la obra de mantenimiento y conservación del Chorro de Quevedo, una de las plazuelas más emblemáticas del Centro Histórico de Bogotá y que desde hace más de 30 años presenta una oferta de bares, cafés y restaurantes, convirtiéndolo en un punto de encuentro de estudiantes y visita obligada para los turistas.

El Chorro de Quevedo se encontraba en malas condiciones debido al desgaste de los años, a la deficiencia en la evacuación de aguas de escorrentías, a los faltantes de adoquín y reposiciones inadecuadas de material, a la acumulación de residuos y degradación del material, y además, porque no contaba con una superficie nivelada ni homogénea.

Durante 5 meses, el IDPC realizó la manutención y pintura del muro de arcada, cambió la superficie de acabado del piso, hizo nivelaciones, mantenimiento y protección de la figura del malabarista, retiró obstáculos para mejorar la accesibilidad a personas en condiciones de discapacidad, dispuso nuevo mobiliario, realizó siembra de plantas, instaló iluminación y renovó la pila de agua que se puso en funcionamiento en el acto de entrega.

El nombre del Chorro de Quevedo proviene de una fuente instalada allí en 1832 por iniciativa del fraile agustino descalzo Francisco Quevedo. Además se cree que fue el lugar en donde Gonzalo Jiménez de Quesada asentó su tropa el 6 de agosto de 1538 dando pie al mito fundacional de Bogotá. El Chorro se conformó desde la primera mitad del siglo XIX como arrabal de la ciudad al borde oriental de la quebrada de San Bruno pero su consolidación como barrio se dio a principios del siglo XX.

 

 

La recuperación del espacio público del corazón de Bogotá representa la protección de las riquezas culturales, arquitectónicas, urbanísticas, patrimoniales y turísticas. Estas apuestas benefician el turismo local, el desarrollo cultural y enaltecen su valor patrimonial, haciendo de la localidad de La Candelaria un paraje imperdible.